Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
AXTA Verónica Jalianis os ilel siglo XVII; ha sido canonizada oasi en nuestros días, y parece, sin embargo, una do esas apasionadas ilguras de mártires que crearon los primitivos pintores, los anteriores á Eafael, sobre fondos de oro, bajo pabellones de alas de ángeles simétricamente disptiestas. La existencia entera de Verónica Julianis es un ensueño, un éxtasis y un martirio. La historia, no obstante, explica, por el contraste y la reacción violenta del espiritualismo, la prodigiosa vida do esta mujer, más transportada de amor sobrenatural, si cabe, que la misma Kanta Teresa. Verónica nació en el último tercio del siglo X V I I en los Estados Pontilicios. Por entonces, el patrimonio ilo la Iglesia no disminuía; al contrario, acababa de anexionarse á Urbino, á Castro y á Ferrara. Pero el incremento del territorio no podía compensar la decadencia política del Papado. El catolicismo, desde el tratado de Westfalia, iba reduciéndose á no dominar sino los países latinos. Todo el Norte- -Inglaterra, Suecia, Dinamarca, Alemania, parte de Suiza- -pertenecían ya á la Reforma. En la misma Italia surgían complicaciones y corrían tiempos difíciles. A pesar de las excelentes intenciones de Pontífices como Eospigliosi (Clemente IX) y Altieri (Clemente X) una mansa gangrena corroía á Roma, inficionando las costumbres. La simonía y el nepotismo envenenaban el aire. Las familias del I) atriciado romano redondeaban su patrimonio dando jefes á la Iglesia; la galantería, el juego, los desafíos, los escándalos, hacían de la ciudad donde asentaba su Cátedra San Pedro, una corte más, como Viena ó París; y envalentonados por esta disminución de autoridad moral, los mismos príncipes católicos propendían á desacatar a! Papa, alzándose en Francia la tempestad del galicanismo, y la protesta del jansenismo, preparación del regalismo español y portugués. El arte también sufría una crisis, yendo hacia la manera de Bernino, Borromini y Fontana. Y al estampar el nombre de Bernino, diré que así como este gran artista produjo su obra maestra representando á una monja extática, el siglo espiritual no nos ofrece asombro mayor que otra monja extática, Verónica Julianis. ¿Fué su vocación fruto del mismo cuadro desalentador que veía? ¿Fué sólo u n caso de atavismo, un retroceso á los siglos de fe abrasadora? Lo cierto es que ol an. sia inextinguible de sufrir que distingue á Verónica Juhanis, indica