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1 r A- C T r R E A C I A S á Dios! Tras u n día V J de b o c h o r n o insoportable, con calor p o r la m a ñ a n a y con calor por la tarde, cuando llegan estas horaa de las doce en adelante, es cuando el pulmón s e e n s a n c h a y el cuerpo se satisface, libre ya de aquel suplicio á que le condena el traje; pues por mucho que u s t e d quiera ir cómodo cuando sale, los cuellos de media vara, las corbatas elegantes, los chalecos de dos filas y otra porción de detalles, constituyen un tormento de los inquisitoriales. Tor eso en casa á estas horas gozo y disfruto al q u e d a r m e con los balcones abiertos y sin vecinos delante, porque, p a r a más fortuna, tengo enfrente unos solares. Apago todas las luces, y en tan plácidos instantes resulta que no h a y peligro V de que pueda verme nadie. La luna es únicamente quien contempla mi equipaje; pero ésta es casta Diana, según todo el m u n d o sabe, y al cruzar el firmamento m e mira ¡sin enterarse! No es mi m o d e s t a persona, con su facha y su pelaje, el Endymion que ella busca desde tantos siglos hace E n resumen: que me paso estas noches estivales como ustedes, desde luego, han podido figurarse. í Lo más chistoso del caso y lo gracioso del lance, es que anoche, al oir de pronto que gritaban e n la calle, la curiosidad maldita me hizo en el acto asomarme, y cuando yo imaginaba que no m e vería nadie, e n cada balcón había u n vecino ¡en igual trajo! FÉLIX LIMEN DOUX