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N 5 -JÍ wy íUp- s -í Y -r r f 1 T i 7 tr- V K R K I O UZ LOS ARRIATES ILASTADO e n mitad del corralito moruno, con sus bardillas d e caña verde entrecruzadas á modo de ajimez gallardo, el arriate es u n a nota fresca y vigorosa del verano andaluz. Visto de pronto, con sus enormes y encendidos florones de malvaloca, con s u turbión d e claveles dobles y rojos como labios robustos; braceando arriba el airoso Jazminero costelado d e florecillas blancas, irguiéndose con orgullo el cáliz de oro de los girasoles, y oscilando dispersos aquí y allá los cálices airosos y trémulos de las trompetillas entre amplias hojas de u n verde aterciopelado y puro, el cuadrito del arriate parece u n opulento m a n t ó n d e Manila tendido e n mitad del patio árabe. Más cerca, observado y sentido íntimamente, el arriate es u n jardín con alma. íío sé por qué, artistas y escritores parecen haber olvidado que Andalucía no es siempre, n i mucho menos, u n cromo d e fiesta. Aun dentro del color que aturde, de la luz que ciega, de los detalles exteriores q u e el impresionista vulgar ó perezoso cree típicos, dando en ellos por conclusas sus observaciones, h a y u n alma poderosamente lírica, u n indómito y original espíritu de raza, que n o se h a visto bien ó se h a estudiado poco. No es el arriate, como no lo ea tampoco cualquier momento de la extraña vida andaluza, u n golpe más d e color, u n simple derroche de paleta audaz y colorista. Sentido á íondo, visto de veras, ¡si vierais cuántas y qué adorables historias d e pasión, de poema ó d e lágrimas encierran sus Ijardillas!