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dos desile las primeras fondas; va el groujner con Miiuites de viaje de punto (del último que desplumó) va ol poíloioso; í el que no lo es tanto, va Todavía hay quien sale de Madrid en diligencia, así como hay todavía quien viene á Madrid á hacerlas para conseguir algo que le pertenece en derecho, ó para lo lual le ampare la justicia. Compadezcamos igualmente á los que salen en diligencia y á los que las hacen en los ministerios con una carta de recomendación del diputado de su distrito. Algún veraneante poderoso se escapa también do Madrid en automóvil, y arriba á San Sebastián, dejando el olor á petróleo colgado de los palos del telégrafo. ¡Feliz él! Cuando llega al término de su viaje, lia aumentado de peso consideraljlemente. Cuatrocientos ó quinientos kilómetros de polvo le ponen en condiciones de desafiar al hombre gordo de todas las ferias. BLANCO Y NRGEO recorrerá, Dios mediante y en ucesivos números, todos los sitios de veraneo hacia los cuales muestran predilección sus lectores. usted, lector; voy yo, vamos todos. Todos menos el Sr. Alcalde, que se queda derribando, y las víctimas propiciatorias de fus presuntos derribos. Y con iiaber enumerado á tanta gente, todavía se me quedaron en el tintero aquellos modestos veraneantes que huyen de Madrid, no por la estación del Norte y valiéndose de éstos ó los otros trenes, sino por las puertas de la coi onada villa, al amanecer, y en borrico, en diligencia ó en tartana; personas sencillas y de fácil componer que cambian el terrible calor que disfrutamos por las frescuras apetitosas de la Mancha, y que desde el ahogo de nuestras calles salen á disfrutar el canto de la cigarra en los descampados de Castilla, ó á tomar un baño de langostas en el mar amarillo de las llanuras inacabables que tanto gusto dieron á D. Quijote. LA ULTIMA DILIGENI l A Visitará la sierra de Guadarrama, deteniéndose en Cercedilla, El Escorial, La Granja. Irá después á Gijón, á Valencia, á Santander, á Bilbao, á San Sebastián, á Biarritz, refrescándose en todas sus playas, y liará alguna escapatoria al Monasterio de Piedra y otros sitios encantadores. VA calor nos manda declarar inaugurado oficialmente el veraneo de 1901. Hagamos, pues, las maletas silbando una fuga de Bach. ¡Adiós, botijo ne- í; ro; adiós, Sr. A l c a l d e! i Adiós, Madrid, que te quedas sin gente y sin casas porque te las van á derribar en ausencia de los inquilinos! GiKÉs DB TASAMONTE FU lOCUíAl- IAS A S E K J O O R L A S Y D I B U J O S IJB B L A N C O C O R i y V X A U D A R Ó