Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
l. A HOKA iiEI. I Í X I K Í S O ponen á la ventana de las estaciones para que se refresquen los viajeros con la corriente de aire que desarrollan los demás trenes al pasar con cierta relativa rapidez. Madrid se desbanda, Madrid eolia á correr, y perdónese la metáfora, en todos esos trenes harto de sudar sobre los adoquines de la Villa, y no sin que queden estampadas las huellas de sus pie en el gelatinoso asfalto, reblandecido por un sol de Justicia. A despecho de todos los déficits y de todas las cuentas mal sacaG A R R E T I L L A D E EQUIPA. IES das, ninguna familia madrileña que se respete y estime puede permanecer un día más en este horno, vecino del Escorial, donde Felipe II puso á San Lorenzo en la parrilla, es cierto, pero encendiendo el fuego en nuestra Villa y Corte, según ha averiguado el distinguido escritor D. Ángel Chaves, competentísimo en fuegos y parrillas de dos siglos, tres siglos y aun ivi cuatro siglos há. Da gloria ver la cuesta de en estas tardes de ahogo! Sus dos carreras de pi ilra dic- sti- íi mente colocadas para quc lnn 4 cluresbalen hacia la estación do! Vurlf, w cesan di- -ci nai ciadas pm el de las niciia 111 irán grabaiiilo en i- i duro g r a n i t o dos profundos s u r c o s por los cuales circulará s e g u r a m e n t e dentro de poco un nuevo tranvía sumamente económico, á poco que se empeñe cualquier edil en obtener la oportuna concesión. Mientras queda olvidada la canalización del río Manzanares, empresa tan urgente para que beban los pájaros oue anidan en las camisetas de los tendederos, se ha canalizado en un decir ¡Jesús! (más de afio y medio) la Cuesta de San Vicente, y por sus dos canales berroqueñas se escapa l ida la -iaiii- H de Madrid. Ómnibus, rnanuelas, ic. -i irticulares, tllburis, automóviles, cuani ii: i iuv! iil,i do para rodar el demonio de la iii. i. M. hiíjaá las últimas horas déla tarde i- f- i- i. -di is i 1 idenes hacia la estación del Norte. l reci. iiin. -t ¡i, e entonces regresa de su diario is i ...r la Moncloa el N r l ii Mili iitc ilcl C o n s e j o iu al ii: i- iT ir aquella fuliosa desbandada pregunta mocionado: ¿Pero es que huyen de mí? No, D. Práxedes, no; no huyen de usted, sino de su amigo y correligionario el maestro Forreras, inventor de aquella diabólica frase tan expresiva del clima madrileño: ¡Digan lo que quieran los termómetros, el calor de hoy ha sido insoportable! Y en esos ómnibus, mañuelas, milores, tílburis y automóviles, van el político lleno de granos por los rigores y las rabietas de la oposición, que ha de depurar la sangre con el agua sulfu- rosa que h u e l e detestablemente, lo mismo que si brotara en el Salón de Conferencias; la muchacha aristocrática y anémica, que ha desafiado á todas las pulmonías de Madrid saliendo en noches invernales del Real ó del sarao luciendo un e s c o t e que escandalizaba á los sereEL A L Q U I L A D O R DE A L M O H A D A S nos, y que en cuanto Madrid se pone cursi de calor tiene que huir tosiendo á todo toser, primero al balneario de moda y luego á la playa lamida por un oleaje de buena sociedad very. selected. Van también los opulentos señores de Tres Cogotes con sus bellísimas hijas, gente metida en carnes y en dineros, y sacada en hombros de su carruaje por el cor chero y el lacayo. Va el ministro de Jornada soñando con las conquistas que harán los ojos de su uniforme en el boulevard de San Sebastián. Va el periodista, dispuesto á telegrafiar á su periódico remitan fon- PARTIDA DEL SUDEXPRESO UN SALÓN DEL EXPRESO EL C O R R E O EN MARCHA DESPEDIDA DEL TREN BOTIJO