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TAQUIl. l- A 1 E LEI F. S VIA UBRE AY que huir de Madridl El calor l B P y y el alcalde, según ase gura, va á comenzar su serie de derribos. ¿Quién resiste á la vez la elevación de la columna termométrica y la elevación de las columnas de polvo que entoldarán el horizonte madrileño? Hogaño no van á dar abasto los botijos, y adivinando sin duda el trajín que les espera, apenas comenzada la estación de su florecimiento ya se ven negros. Hasta en el agua fresca hay, modasl El botijo negro es la ultima- creación dé la cacharrería estival, y ningún madrileño que se respete bebe actualmente agua que no proceda de un botijo obscuro. IKg la reacción que avanza en un tren... botijo! -exclamará más de ún progresista averiado. Hermoso pánoraina del veraneo de 1901 para lofi vei- aneantes que uo veraneen; es decir, para los madrileños que no salgan de Madrid. El alcalde con sus derribos les pondrá blancos de polvo, y ellos se agarrarán medio asfixiados á los botijos negros. A 1 bautizar nuestro periódico adivinábamos el Madrid del estío actual: blanco y negro. Pero á pesar de esa adivinación, huyamos. Huyamos á las frescas playas del Norte, que tienen mucho más de playas que de frescas. Huyamos conio nos sea dable huir: en el sudexpreso, si nuestros medios alcanzan para tanto como dirigirnos al ÍSÍorte en un expreso del Sur; en el expreso ordinario, llamado así indudablemente porque entre los ocho viajeros de cada departamento hay alguno que pone los pies encima del compañero de enfrente; en el tren correo, que no lleva ni las cartas que so. pierden; en el mixto, que no se enciende nunca en, santa indignación viendo que los kilónietros le pasan á él con más rapidez que él á los kilómetros; ó en el tren botijo negro, que las Compañías de ferrocarriles RMP O. MNIBUS D E LA C E N T R A L