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JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH 01 L 6 Tin M BABAJADOK impertérrito, observador espontáneo, correctísimo en la métrica y adorador de los clásicos, fui, porque le plugo al Oápite, excelente autor dramático, y porque quiso mi férrea voluntad siendo yo párvulo. Háblese de mis opúsculos, y oiréis por todos los ámbitos al vulgar y al académico, al humilde y al enfático, que á mi saber no hubo límites y que era mi ingenio rápido. Hartzenbuschjohl fuéun filósofo dice gravpei catedrático; y el lenguaraz, apoyándole, exclama: ¡Era un íío; un bárbaro! hablando en distintos términos, pero con el mismo ánimo; lo que indica que es espléndida nuestra lengua en giros gráficos. Si despuntaba en lo cómico sobresalía en lo trágico, que de Talía y Melpómene fui yo predilecto vastago. Ved de mis obras los títulos, leed de cualquiera un párrafo, y yo os haré de mis méritos adoradores fanáticos. Con la tradición histórica de aquellos amantes candidos que á fuerza de amor platónico rindieron el. postrer hálito, hice un drama tan magnífico, tan colosal, tan simpático, que aún hoy se baña en hipérboles, en elogios entusiásticos, crea ovaciones unánimes y da rendimientos áuricos. Aquellos Amantes jóvenes, de Teruel, sobre su tálamo levantaron con su espíritu mi gloria, en humo aromático, á las regiones empíreas donde el genio duerme plácido. ÉMíí I iL T La Jura solemne y pública del Cid, famoso y magnánimo, que en Santa Gadea hizo se ante reverendos hábitos, me dio otro drama y más crédito, pues tuvo un éxito análogo. ¿Y qué diréis de mis célebres obras de asunto fantástico, llenas de cambios difíciles y de mil recursos mágicos? Yo con resortes escénicos enseño el globo terráqueo al espectador, de júbilo y de distracciones ávido, y le llevo sin que adviértalo, más ligero que un relámpago, de un precipicio á una cúspide y desde el cielo hasta el Báratro. Transformo á un reptil en bípedo, á una butaca en parásito, y arranco un palacio gótico con un bufido del ábrego. Mi Redoma, acerbos críticos, es di? na de eternos cánticos; mi Celestina, de vítores y de escritos encomiásticos. Si hay quien cree fácil y estúpido formar selecto catálogo con hechos inverosímiles, sin gran esfuerzo del cráneo, yo diré de un modo explícito que es muy difícil y es arduo hacer un conjunto armónico, con unidad y buen cálculo, sin caer en lo ridículo ni hacerlo aburrido y lánguido, enlazando almas vivíficas con fantasmas ó con sátiros, y resumiendo una máxima con su fin moral y práctico. Mas por si el siglo vigésimo llegara á atacarme, gárrulo, y por dar fin á este esdrújulo romance auto- biográfico, ahí va una sencilla fábula que puede servir de látigo: t J í m m KM 1