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VÉASE EL NÚM. 526 TJEEIDO Melitón González: Se m e cae la babucha cada vez que leo tu carta. Tanto la leo, que estoy hecho un león de primera, y a u n q u e me encuentro molestado por u n a tos, que debe de ser ferina, puesto que la cogí en la feria, voy á escribirte en tono de broma, pues ya sabes lo bromuro que yo soy. Á la enriquecida P a u l a y SLI paulatino E n r i q u e d e quienes me hablas, les espera u n porvenir pavoroso. ¡Son tan pavosl El daría algo y aun algos por ser libre; ella también daría algas por ser libra, y yo les daría á los dos muchos azotes: una azotea completa. Opinamos, pues, lo mismo, a u n q u e yo soy menos ingeniero que tú p a r a expresarlo. Además, estoy a h o r a m u y preocupado con mi servidumbre. De un criadero de Nuevitas me mandaron una criada nueva, y no sabes la guerra que me da; y eso que la creí u n a ganga. Pero yo no h e sido gtngoso jamás. Eso sí; aunque parece una chuleta de los barrios bajos, me sirve como una cumplida corredera, pues corre con todo el traje pequeño de la casa, es decir, con todo el trajín. Me habían dicho que era u n a criada especial, y es verdad, porque echa especias hasta en el chocolate. Por cierto que las tiene guardadas en u n botón (bote grande) junto á la carretera ó caja d e los carretes. Lava en una barretina 6 tina de barro, y en cuanto usa las cosas un poco, va y las vende. Es lo más vendimia 1 Además, le gusta estar siempre en la calle; no hay criatura más callista. Y aunque sólo sea para hacer u n a simple compra cardíaca e n el puesto de cardos de la esquina, se pone muy maja. Ya ves qué majadería! Siempre va con su vestidito encajado (lleno de encajes) y sus guantecitos anteriores ó de a n t e Su padre tuvo fábrica de velas, llegando á ser el primer velador de España, y su madre, que era salamanquesa, fué una h o n r a d a cordillera, dedicada á vender cordilla d e s d e que dejó de ser vacante ó traficante en vacas, hasta que se quedó osíema, es decir, sorda como u n poste. El mayor defecto de la chica es el de ser vany primera, pues tiene primos al por mayor. Uno de ellos, que es canguelo (natural de Cangas) la estuvo cortando ó haciendo la corte, h a s t a que en su pueblo hubo u n a levita de mozos (la llamo así, porque fué u n a leva muy pequeña) y se llevaron al galán de mi doméstica, como á otros galanes Aquello fué u n a verdadera galantinal Y a en Madrid la moza, que j a m á s había sido enredadera, se enredó con uno que tocaba la trompa realmente, ó sea en el Eeal. Pero el pérfido la dejó pronto. ¡Que acción la del trompal ¡Qué trompada m á s inicua! Gracias á que una tía metálica, viuda de otro músico de metal que tocaba el bombardeo, vino á ser su salvadora, pues tenía la bolsa no aperreada, sino endurecida. Seis años m á s tarde, su primer novio se tendió es decir, se metió á tendero, y retrató (volvió á tratar) á su prima. P e r o cierto día, después de estar esperándola u n ratón (ó sea un gran rato) riñó con ella á brazo partido, y echando mano al peso, la descalabró con xrna, pesadilla. Un médico la dijo que no estaría bien hasta que el chichón le saliera, y la pobre no hacía m á s que decir: jSal chichón! sal chichón! El caso es que de la refriega salió la chica completamente desencajada (ni u n encaje la quedó en el vestido) y el conflicto no pudo arreglarse, á pesar de que hubo su cartapacio y todo, es decir, su carta de paces, ó mejor dicho, misiva, puesto que la dictó un señor que dice misa. Todo esto lo sé porque ella me lo ha contado; y m u y bien por cierto. ¡Como que es una gran conteral Yo r e h u s é mezclarme en el asunto, porque el agresor (que merecía estar cuadrado, es decir, en la cuadra) maneja t a n bien las armas, que es el mejor armario de Madrid. Pero va á dejar de s e r hípico. ¿Y sabes por qué pienso quitarle el hipo? P o r q u e sin fijarse en mi talla, despreciativamente va diciendo por ahí que soy u n p o e tilla de baja estrofa. lío puedo escribirte más. Estoy preparándome para pasar el estío en el campo, en donde me tendrás tan campante, mientras otros e s t a r á n siendo porteros de m a r y dándose baños oleaginosos en la costa. Sí, Melitón; mi familia p a s a r á el verano acampada, mientras otras lo p a s a r á n acostadas. H a de haber de todo. Adiós. Tuyo afectísimo, J U A N P É R E Z ZÚÑIGA