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dentes los trozos de hierro que metía en el fuego. Entonces cambiaba cada día de oficial, -poTqve no hallaba ninguno NOVELA D E D D E L F Í N F E R N A N D E Z que resistiera tales faenas más de doce horas. Es de advertir que el Y OON ÁI. EZ ÜT oficial del tío Manuel era un chi I L U S T R A C I O N E S D E rr ¡NI) EZ l i R I N f i A quillo, cuyo trabajo consistía solamente en tirar de la cadena que DEL CElilAMEN LITERARIO movía el fuelle para avivar el fueIHÍ I l L A N C O V N E G R O go del horno. Pero como queda- ban pocos momentos para desI cansar, cada día había un chiquillo distinto colgado de la odiosa I N herrero qne no tuyo cadena. rival en hacer hachas y azuelas, y menos en II calzar azadas, sn verdadera espeNo hay m e m o r i a de que el cialidad, dio fama perdurable, maestro de Vejo lograra que nindándosela á su fragua, al pueblo guno dé sus discípulos llegara á de Vejo, pequefia aldea montañehacer letra española más perfecta sa cuyas casitas se asoman curioque la que Bartolo hacía. En cam sas en confuso montón á mirar el bio, tampoco se ha visto quien camino real que pasa ante ellas. tardara más en escribir un renPreguntad, todavía, á los leñadoglón, ni quien con más trabajo lo res de lífo de los Vados, á los escribiera que el mismo Bartolo. abarqueros de Oarmona, á los ase Pobre muchacho, cuántos sudorradores de Polaciones y á los lares y qué dolorosas pescueceras bradores de todos aquellos valles le costaban aquellas planas que de las riberas del Saja si era buen al cabo de días y días salían de herrero el tío Manuel, y los vesus manos! No es posible figurarréis dirigir una mirada despreciase, ni aproximadamente, las veces tiva á las herramientas con que que aquel chiquillo cambiaba de ahora trabajan, exclamando. postura para escribir cada palabra. Luego que cargaba de tinta- Aquél era un maestrol la pluma, empezaba por tumbar Tenía la fragua el tío Manuel la cabeza sobre el hombro izquier en el centro del lugar, inmediata do, á cuyo lado inclinaba todo el á la carretera. No se había hecho cuerpo, y por sacar la lengua, una con tal objeto, sin duda, el cuarlengua descomunal, y aplicarla tito aquél, el cuarto del portal de fuertemente al carrillo derecho. una casita de labrador; pero al Así hacía la primera letra, emherrero, á falta de sitio más ade sjjs y pleando en hacerla algunos minucuado, bastábale aquel reducido tos. Después escondía la lengua, taller en que el horno, el fuelle, que dejaba una huella de saliva, el torno y el yunque dejaban ei se incorporaba, y contemplaba su sitio indispensable para poder traí 6 5 Pm obra Como el maestro, á quien bajar entre ellos. Por fortuna, el portal era bastante grande, y en él podían aguardar desesperaba la pesadez del muchacho, solía estar cer los parroquianos del tío Manuel, en tanto que éste, ca para darle prisa, aquella contemplación duraba por riguroso turno, los iha despachando. Algunos, poco. Mojaba Bartolo su pluma en el tintero nuevaimpacientes ó curiosos, acercábanse á la ventana- -menté, echábase hacia el lado derecho, como antes se mostrador que á dos palmos del suelo había en una había echado hacia el izquierdo, dirigía la lengua al de las paredes del cuarto, -pero eran los menos, los lado opuesto al de la vez anterior, y continuaba escrique ignoraban cuánto le disgustaba al herrero aque- biendo. De este modo, y como algunas letras- -las malla inspección y no habían recibido en la cara una yúsculas todas- -las hacía en varios tiempos, sus plalluvia de fuego arrancada de un hierro candente á nas eran verdaderas obras de romanos golpe de martillo y hábilmente dirigida. Pero fuera de la escuela eran pocos los que sabían Al pasar por delante de la fragua, siempre se veían cuánto tardaba Bartolo en hacer aquellas planas admien las inmediaciones de ella, en el portal especial- rables, y el notario de la localidad, á quien llegó nomente, unos cuantos hombres que aguardaban á que ticia de ellas, así que vio una procuró y obtuvo lleel herrero arreglara sus herramientas, y había épocas, varse al muchacho de escribiente á su despacho. por ejemplo la de calzar las azadas para sallar los No satisfizo gran cosa al depositario de la fe públimaíces de las mieses, ó cuando mediaba el verano y ca el aspecto de Bartolo, ciertamente. Parecióle por los aserradores iban á arreglar las hachas para em- demás bobo, con sus grandes ojos de buey cansado, prender sus viajes en busca de trabajo, en que la su boca de labios gordos eternamente abierta, y sus fragua de Vejo era una verdadera romería. movimientos todos calmosos, pesados, como de oso En aquellos días el trabajo del tío Manuel era ver- domesticado. Pero la perfección y belleza de la letra daderamente asombroso. Desde que amanecía hasta borraban cumplidamente la mala impresión que cauque la noche cerraba por completo, el herrero no te- saba su autor, y el notario pensó que había hecho nía un momento de descanso. Al taller le llevaban la una gran adquisición cuando vio, de vuelta de otor comida, y allí comía, sin cesar de trabajar, aprove- gar una escritura, el encabezamiento de la primera chando los instantes que tardaban en ponerse can- copia que había mandado sacar á su nuevo amanuen- LA FRAGUA DE VEJO