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...1- J En esto, un sobrinito mío se bebió por equivocación un frasc I i! i liabian traído para que yo durmiera, y á poco so muere. Estuvo durmiendo el angelito siete días con siete noches, y cuando se despertó se comió los garbanzos de toda la semana. Pocos días después recibí u n telegrama de mi tierra anunciándome que una viña que tenía en pleito había pasado á manos de mi adversario. Y mi primo Pepe, que vivía conmigo, limpiando su revólver se le escapó un tiro, y la bala le atravesó el ojo derecho. ¿Sabe usted, me dijo un amigo, que el gato negro le ha, dado á usted un gran resultado? ¡El gato! Con tantas desdichas, lo habíamos olvidado. Y allí estaba, en la cocina, sentado al sol y mirándonos con la mayor indiferencia. -Llévese usted ese gato en seguida, le dije á la cocinera. -Calle usted, por Dios, exclamó Anselma dando un suspiro, ¿no sabe usted lo que pasa? ¿Qué? -Que no es gato. ¡Es gata! Me quedé con la boca abierta. E l señor, sin dnda, no se fijó al comprarlo, ¡iVÍo, ni el vendedor me dijo nada! -Pues ahí tiene usted. Los gatos negros traen la bu. ona suerte, pero las gatas negras traen mala pata. ¿Sí, eh? Cogí al gato, lo arrojé al jardín, le vi desaparecer por detrás de la tapia y. en aquel momento oí gritar: ¡La lista grande! ¡El gordo! ¡El gordo! repetía todo el mundo en mi casa. Y al oir estas palabras eché á correr escalera arriba para esconderme en las guardillas... ¡El gordo! ¡El gordooo! A cualquier hora espero yo á semejante personaje! ¿Saben ustedes quién es el gordo en mi casa? ¡El casero! Así decían las memorias de mi amigo Sebastián, pobre, cesante y supersticioso. DIBUJOS DE XAUDARÓ EuBBBio BLASCO