Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
I III) V Mil tantas y tan bonitas florefillas campestres. Sintiendo algo aliviados sus dolores y viendo á corta distancia un bosque frondoso, se internó en él buscando t ustento. ¿Qaé árbol ó arbusto no crecerá magnífico en la fértil comarca africana, el jardín de las Hespérides de los antiguos mitos? La palmera, la higuera dulcísima, el naranjo con sus globos de oro, el granado con sus coronadas pomas, el precoz almendro, el castaño, el rudo nogal, la chumbera con sus espinosos frutos azucarados pOr dentro, símbolos de la virtud que lucha Oliva, en las profundidades de la arboleda, que olía á miel y al almizclado polen, esparcido por la brisa calurosa ya, encontró de sobra con qué saciar el hambre. Sus heridas cautei- izadas por el aire libre, empezaban á curarse; la inflamación descendía, y la criatura, comparando á la humanidad con la naturaleza buena y silenciosa, bendijo á Dios que la había conducido al desierto, y volvió á dorrairse, sin asomos de temor á las fieras. ¿Qué fiera podría ser tan cruel como las hordas de Genserico y el populacho de Tünez? Oliva recordó con lái; rimas la horrenda suerte de su familia. Sin delito alguno, por confesar la fe en que creían, al padre le habían ensartado de un lanzazo. Oliva presenció cómo la punta dé la lanza salía por el costado derecho, y se estremeció acordándose de la negra charca de sangre cuajada sobre el mármol del patio de su casa. Otra impresión atroz: el grito de la madre, arrastrada por los cabellos hacia el interior del palacio. Después, el viaje, la esclavitud, la flagelación, la vergüenza de pasar medio desnuda entre silbidos de la plebe No; á Oliva no la estremecía el rugido cavernoso del león, ni la lúgubre queja de los chacales allá á lo lejos. Al contrario; parecíale que, por amor de Jesucristo, las fieras iban á ser sus leales amigas. Y en efecto, las fieras ho hicieron dafio alguno á Oliva en los siete años que vivió oculta en la selva, donde se construyó una especie de barraca de cañas y de palos, cubierta de hierba seca y rematada por una cruz. Verdad que tampoco ella causó mal á ningún ser viviente, á ninguna criatura de Dios. Se alimentó sólo de frutos y raíces; ni aun quiso robar su leche á los cabritos; y para tener compañía domesticó una gacela, que la seguía dócilmente y se echaba á su lado, lamiéndola con cariño las manos y el rostro. Entretanto, con aquel vivir sano y natural, Oliva se había convertido de niña en mujer sobremanera hermosa, de tez obscura como el fruto del olivo, de miembros gallardos como los de una elegante estatuilla de bronce. La abundante crencha negra, rizada en bucles naturales, la cubría hasta la cintura, y un sayo de pelo de cabra tejido por sus manos la vestía honestamente. Un día, escuchando desde su escondrijo voces humanas, la dio un vuelco el corazón; comprendió que era llegada su hora: las alimañas salvajinas la habían respetado; el hombre venía á ensañarse en ella. íío se engañaba. Eran cazadores; los perros, rastreando, descubrieron la barraquita; murió de un flechazo la gacela privada; vieron á Oliva; atónitos la recogieron; ella les exhortó á convertirse; corrió la noticia, y vinieron soldados con orden de llevar prisionera á la cristiana, á quien encerraron en una mazmorra, privándola de alimento, y después, ante su firmeza, probablemente ante su castidad, torturaron de mil ingeniosas maneras cuyo catálogo estremece. La rociaron con aceite hirviendo; la tostaron el seno con hachas encendidas, y los anales nos dicen que después de resistir sin morir suplicios tan espantosos, fué preciso ejecutar lo único que ponía fin á la vida de los mártires: cortarle la cabeza. Y ei alma de Oliva, libre ya de la cárcel del cuerpo, vio otra vez la fresca pradería esmaltada de flores, pero eran flores de luz; encontró de nuevo la selva llena de dulces frutos, pero eran de ambrosía, de un sabor que no hartaba jamás; y volvió á experimentar la deliciosa impresión de sentirse apartada de la maldad humana para siempre. La increada lumbre del Paraíso la bañaba; estaba sola, lejos de los verdugos, libre de ellos por toda la eternidad. EMILIA P A E D O BAZAÍST DIBUJOS DE ARIJA