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I LEGÓ el candidato á la Diputación á iin líía 1 pueblueho de mala muerte, allá en un rincón de Teruel, total cien ó doscientos vecinos, pero tenía que convencerlos y echarles un sermón y gastarse unos cuartos. Y le recibieron muy bien, y hasta le tocaron las campanas y todo. Se hospedó en casa del alcalde. -Señor alcalde, le dijo, ¿hay aquí un buen barboro? ¡Ya lo creo que lo hayl Pregúntele usté al hipotecario. El hipotecario llaman por allí al registrador de la propiedad. -Pregúntele usté al hipotecario, que estuvión aquí con su entenao y los afeitó en seis menutos; es hombre muy listo; hay veces que con la mano drecha está rasurando á un parroquiano, y con la utra se está comiendo un doblero. ¿Y está cerca de aquí? -Sí, sifior, en la plaza. ¿Quiusté que lo lleve? -Se lo agradeceré á usté mucho, porque traigo unas barbas como un capuchino. -Pues hala, venga usté conmigo. jPaice que tiene usté frío! -Sí que lo traigo. -Aguárdese usté, echaremos una charada. ¿Una charada? El candidato no sabía que por allá llamamos así á una buena llama de sarmientos. ¿Sa calentau usté ya? -Sí, señor alcalde. ¿Quiusté un poquico e vino? -Muchas gracias, no lo gasto. ¿Que no bebe usté vino? No me lo diga usté dos veces, porque no le votamos á usté. ¡Otra que rediósl ¿Qué deputaos son éstos, que no beben vino? ¡Pequefiooo! ¡Traite el barral de vino del año pasaal Como no beba usté vino, verá usté lo que es este pueblo. ¿Está usté malo, ú qué? -He pad ido mucho del estómago este afio. ¿Comerá usté poco? Ya hi visto que trai usté la mal 4 ta llena é eharapotes. Hala, hala; á beber; ¡qué moñol ¿Cómo ha é ser Uf té deputao si no bebe? Le llamarán á usté el deputao del agual- -Ala salud de usted, señor alcalde, ¡Esto es un vino de veras; esto es teta! -Conque. ¿vamos á la barbería? -Cuando usted quiera. (Llegaron la barbería. El barbero está solo tarra. tocando la gwi- ¡Tío Gar rampas! ¿Qué hay? -A ver si rasura usté bien al señor, que es el que va á ser deputao po el destrito. -Siéntese usté, y á ver si sale usté deputao y nos hace us té el abrevadero pa los abrios, mej orando lo piesente. -Sí, señor sí. -Y una jiila pa la iglesia pa bautizar las criaturas mijisté que el pobre cura tiene que bautízalos en el cuenco é la colada. -Bueno, hombre, bueno; pero afeíteme usted pronto, que t ngo citados á los electores. I (El barbero le pone la toalla; coge la suela; echa un gran itinajo en ella, y empieza á afilar la navaja. El candidatoI, aterrado: ¡Pero hombre, ¿por quéI escu e usted? (El barbero escupe en la bacía y empieza á i deshacer el jabón. El candidato, indignado: ¡Qué horror! f iQué asco! ¿Cómo puede usted hacer eso? V ¡Qué indeicencia! El barbero: ¿Conque lo hago po lo más fino, y aun se queja usté? A usté se lo hago así porque es forastero, que á los del pueblo les escupo en la cara, y luego los jabono! EosEBio BLASCO