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UlNA VERBENA EiN LA ÉPOCA ROMANA StVusMBANDO la otra tarde en un puesto de libros usados, y por lo tanto viejos, aunque algunos lleven I V Q B fecha reciente, que en esto de los libros pasa lo que con las personas, que se gastan más ó menos pronto, según la naturaleza que tengan, di con uno curioso, traducido al castellano de un texto latino titulado Aires romanos, por Tiberio Flavio, con un foro de Cayo Sestrio. El libro es una colección de artículos de costumbres de la vida romana, en los que se pinta con gran donaire y agudo gracejo Una tarde de carreras de carros en el carrodromo de Vespasiana, Una interview con Tito Livio, La primera de abono del Coloseo, Los martes de las de Ágripina, Los domingos en la Via Appia, Los tabernáculos, Escenas de la vida parásita. Una kermesse en las termas de (Jaracalla, y lo que más llamó mi atención. La verbena del Tiber, artículo por extremo curioso, que pinta cómo era el pueblo romano en estas expansiones nocturnas. Y verán ustedes: cerca de la orilla del Tlber, en pintoresca pradera, detrás de la que asomaba el barrio de Transtevere, en el que vivía la gente del bronce, gladiadores del circo, que tenían sus apoderados como hoy los toreros, y eran los que hacían las contratas; bestiarios, esclavos manumitidos de buenas casas, etc. se colocaban puestos de rosquillas de Civita- Vechia, de la verdadera viuda de Cornelio; de cráteras de barro de Fiésole, especie de Alcorcón de aquellos tiempos, que hacían el agua más fresca que un botijo de Ocafia; de higos de Libia en dulce; pitos con flores artificiales que construían las vestales en sus ratos de ocio, adornados con las cabezas de los senadores más respetables; matasuegras ingeniosísimos; innumerables tabernáculos donde se vendía el Chipre por copas, y agua de deltz para los que preferían el Chipre espumoso; Tíos Vivos pintorescos, con inscripciones de t ¡A Moma por todol ¡Alas Gáliash A Cartagol ¡A la Bétioah etc. en los que siempre había numeroso público, compuesto de centuriones de la reserva, soldados de las legioaes francos de servicio, y siervas de las casas niáa principales, que salían cada quince días. La brillante banda del Hospicio romano amenizaba los intermedios, abundando los fonógrafos ambulantes impresionados por Oatilina, Cicerón y Ovidio, con algunas romanzas de barítono cantadas por Nerón. Los patricios bajaban á la pradera en carros adornados con guirnaldas de flores. Tiberio Graco, al frente de las turbas, entraba como siempre alborotando, y cuando acertaba á pasar una romana de libras y buen ver, tendía la clámide en el suelo para que la pisara, diciéndola jacarandosamente: ¡Ríete de Cleopatral ó Vales más que un triunvirato! A los que convidaban les llamaban j? a íaMOS, y gentiles á los que presumían de buena ligara. La verbena romana era la apoteosis del buen humor y de la alegría, y á la madrugada no era extraño ver á más de un respetable patricio volver á su casa con una merluza mayor que el arco de Trajano, teniendo que ser conducido hasta el propio lecho por el sereno, quien soha decir: iQué augusta la trae el cónsul del 1! Y conste que todo esto lo sé gracias á Tiberio Flavio y á Cayo Sestrio. DIBUJOS DE ROJAS LUIS G A B A L D O N