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los lienzos que tanto Murillo como otros insignes artistas pintaron para las representaciones de los autos sacramentales que se verificaban en las calles, y posteriormente en el palacio del Eetiro ante la corte. Estos lienzos se llamaban aguazos, y se colocaban sujetos por un bastidor á la pared. Generalmente, los pintores reflejaban en el lienzo el asunto del auto que se representaba. El mismo Velázquez pintó varias telas para las funciones teatrales que muy á menudo se celebraban en el Eetiro con la esplendidez propia del rey Felipe IV, que en ellas derrochaba buena parte del caudal regio. Después fué modificándose tan primitivo y rudimentario aspecto, y con la restauración del Corral de la Pacheca en el año de 1745, se introdujeron, al mismo tiempo que grandes reformas en lo que se llamaba tablado y luego escenario, las decoraciones y juego de bastidores. Y viniendo á más cercanos días, ya en nuestro tiempo la pintura escenográfica tomó grandes proporciones, como lo prueban el magnífico decorado con que se dotó al teatro Real, del famopo Carducci, y las espléndidas decoraciones de los bailables de gran espectáculo como El espíritu, del mar y otror representados en el teatro- circo del Príncipe Alfonso siendo empresario D. Simón Rivas. Ferri, Bussato y Bonardi fueron por mucho tiempo los proveedores por decirlo así, de la escena española, y Valls, malogrado escenógrafo español, pintó algunos preciosos telones para el teatro de la Prmcesa. Hoy, Amallo Fernández y Luis Muriel sostienen muy airosamente las tradiciones, habiendo introducido en la mecánica teatral verdaderos y grandes progresos. El taller de Amallo es una gran nave amplia, llena de Uu, donde cómodamente se pueden armar las decoraTd rf HÍ que sean. El pintor escenógrafo, al recibir el encargo de una empresa para pintar el deco nhf- li P i r haciendo después un ligero diseño de las decoraciones, y una vez con en i t l t- f ATM T f 5 P estudiando las medidas á que ha de sujetaíse, colocando en un teatrito corpóreo el pequeño decorado para verlo en todo su conjunto. Luego se extiende en el taller el ZZl f- T íí J i 9 carboncillo y tinta común, preparando el lienzo con blanco y cota parí S s romnimfe íííoITr TM decoraciones y todo el juego de bambalinas, has ¡dores, rompimientos y demás accesorios, que en unos carros ad Jioc se transportan al escenario para comenzar la nufa unas t! oZT T Fernández pinta, por término medio, treinta decoraciones al afi o! enTaTqüe em mZ n T Í K a T i -J P representada la obra y aplaudida, el pintor escenógrafo no tiene más que cobrar el importe de las decoraciones, que en algunos casos es más difícil que el haberlas hecho. JoKGE FLOBIDOR TALLER ESCENOGEAFICO