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(é l L día 20 de Marzo hizo setenta y cuatro años V A V qne vino al m u n d o el poeta noruego E n r i q u e Ibsen. Nació en Skjean, nombre que el lector pronunciará como pueda, porque esas reuniones de consonantes n o se h a n hecho p a r a los latinos, y se dedicó en su juventud á la pintura, arte en el cual hubiera sido u n gran maestro, según dice uno de sus biógrafos, y compatriotas. Por su afición á los versos dejó los pinceles; por sii afición á los versos, porque asómbrense los sectarios del llamado teatro de ideas: Ibsen empezó escribiendo sus comedias en verso, y al inismo tiempo daba á luz tomos de poesías que se vendían poco, como acontece eii España. Los guerreros de líegetand, tragedia estrenada en 1857; Los pretendientes á ta. corona, obra estrenada en 1863; y La comedia de amor, que vio la escena en 1864, están escritas en renglones cortos y con todas las de la ley, es decir, sobre los moldes antiguos que todo el mund o quiere romper y que Ibsen ha hecho pedazos en sus obras posteriores. V e r d a d es que en esa época el poeta noruego era romántico hasta las cachas. Pero Ibsen llevaba dentro u n teatro propio, personal y grande. E n 1869 empezó la evolución: abandonó los asuntos mitológicos, tiró la lira y escribió en pros a vil una comedia que tuvo un éxito grandísimo en Noruega y que se titulaba La unión de los jóvenes. E n esa obra, Ibsen censura, con la dureza y energía q u e le es peculiar, á los políticos palabreros, á los héroes de la retórica; y yo juro qne por muy títil y adecuada que sea esa sátira para Noruega, no t e n d r á mayor aplicación que en E s p a ñ a E n 187; í? Ibsen entró de lleno en los simbolismos con el d r a m a histórico titulado Emperador y Galilea, y con los Sostenes de la sociedad. E s t a última obra es la primera que se tradujo al alemán, y en la otra trata el problema religioso con la maestría y profundidad q u e caracterizan su teatro. Sus compatriotas, que le habían aplaudido con entusiasmo las obras citadas, se dividieron en sus juicios cuando se representó La casa de muñecas, y fallaron en contra cuando dio á la escena Los aparecidos. Esta última le valió tales ataques de la crítica y fué objeto de t a n violentas acometidas, que Ibsen, irritado, escribió la obra que en E s p a ñ a se h a representado con el impropio título de Un enemigo del pueblo, y en el que el mismo autor figura como protagonista. Aquel personaje que aparece en la obra injuriado y acometido por todos sus compatriotas, que se niegan á aceptar la verdad por estupidez- ó porque piensan con su egoísmo por delante, es el propio Ibsen, que quiso así castigar lo que él mismo llama ingratitud de sus paisanos. Se censuró por esto la van i d a d del autor, que creía tener razón contra todo el m u n d o y aunque haya éste pecado en Un enemigo del pueblo, ya se lo pueden perdonar los noruegos, porque gracias á él la literatura dramática de su patria ha pa- seado todas las escenas del mundo y se ha traducido á todos los idiomas. E n 1884 estrenó El pato salvaje, que es otra de las obras de I b s e n que más traducciones ha merecido; y entre 1888 y 1899 h a dado al teatro las obras m á s obscuras en el procedimiento y más profundas en la intención: los estudios del alma, que constituyen el verdadero teatro de ideas de que es el principal fundador, y las tesis más abstrusas que puedan desarrollarse en forma dramática. Pertenecen á este género Eosmersholm, Solners el consinictor, El pequeño Eyol, Juan Gabriel, La dama del mar, y Cuando resucitemos entre los muertos. El título de la última basta para adivinar a d o n d e h a b r á ido á p a r a r el autor en p u n t o á símbolos y enrevesadas filosofías. Aparte de su grandísima importancia como autor; aparte del genio dramático, Ibsen tiene, p a r a los noruegos otro motivo de admiración y estima. Aquí en este rincón de Europa sabemos muy poco de lo que pasa en Bayona, y no hay qiie pedirnos, por lo tanto, que sepamos mucho de lo que ocurre en la otra punta del Continente. Y ahora resulta que I b s e n es nada menos que uno de los creadores de la lengua nacional noruega. Digo que resulta para mí n a d a más; no quiero ofender á ningún sabio español conocedor de la literatura extranjera y de Ibsen, aunque este n ú m e r o de sabios será pequeño, porque Larrouse no cita al insigne autor en su socorrido diccionario. Pues bien; I b s e n es el primero que h a llevado al teatro la lengua noruega; porque en este país, por sus vicisitudes políticas, por haber estado unido á Dinamarca tantos años, la lengua nacional andaba sólo en leyendas mitológicas escandinavas y e n la boca de algunos habitantes de determinadas regiones. Sería m u j largo contar cómo ha ido formándose lo que llaman los nacionalistas noruegos la lengua nacional, y basta sólo apuntar que I b s e n logró implantarla en la escena, p a r a lo cual tuvo que luchar no poco con la rutina y con los mismos cómicos. E n esta tarea le h a ayudado otro autor insigne, cuyo nombre no escribo porque sería inútil: se trata de seis ó siete consonantes y ima vocal, y n i n g ú n español puede leerlo. Sea cual fuere la opinión que se tenga acerca del teatro noruego, todo el mundo h a b r á de reconocer en Enrique Ibsen, además de mucho talento, mucha voluntad. P o r q u e alguna se necesita para crear en u n rincón de Europa, y con u n a lengua en formación, u n teatro que dé la vuelta al mundo, y exponer u n a doctrina que al fin se ha expresado en todas las lenguas. El genio, como se ve, no necesita u n medio adecuado p a r a desenvolverse. Desde cualquier rincón de la tierra lanza su luz á todas partes. E M I L I O SÁNCHEZ PASTOE