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Las fiestas granadinas tienen siempre u n carácter histórico ó artístico q u e eleva el espíritu, distinguiéndolas así del común de estas fiestas, que en otras ciudadecs son sólo recreo de los sentidos. SUS MONUMENTOS No contemos la Alhambra, maravilla única que está esperando, sin conse guirla, su pareja en el arte universal. Y aun siii ella el recinto de Granada sería u n museo d e la m e j o r arquitectura ara; besea, y además ían libro d e memorias de la buena edad de España. Todo habla de los, grandes reyes y de los grandes capitanes. Revoloteando s u s almas y enterrados sus cuerpos, allí están presentes Fern a n d o é Isabel, la desventurada J u a n a y el hermoso Archiduque, Gonzalo d e Córdoba y Pulgar. P o r allá vagan las sombras augustas de Carlos I y de Colón. Pai a describir los monumentos granadinos se emplearían muchos tomos: sólo p a r a mentarlos, muchas páginas. Basten p a r a muestra gallarda aquéllos que r e p r e s e n t a aquí el grabado. La efigie de la Patrona, de la Virgen de las Angustias, que es para el granadino lo que la del Pilar para el aragonés. L a grandiosa Catedral, contada entre las mejores de este suelo español, donde el arte religioso h a levantado tantos portentos. MO L l TO A L a Capilla Real con sus sepulcros, ante los cuales el ánimo queda suspenso y la lengua queda muda, considerando la belleza artística del enterramiento y la grandeza histórica de lo enterrado. E l m o n u m e n t o á Colón, que allí está e n su solar m á s propio, n o lejos del Real d e Santafé, donde la gran reina y el gran navegante engendraron el Nuevo Mundo en el casamiento espiritual de sus dos genios. La severa Ohancillería, que compartió con su h e r m a n a la de Valladolid la alta justicia de la antigua E s p a ñ a El bazar d e la Alcaicería, que es u n barrio pequeño, sí, pero íntegro y vivo, y tal como estaba en tiempo de los moros. Paseando por aquel laberinto de callejones cruzados y estrechos, se espera encontrar bajo los arcos de h e r r a d u r a de sus tiendas á los mercaderes orientales que proveían de preciosidades á las sultanas de la fastuosa corte granadina. Y con ser admirables estas cosas, y con ser muy hermosa la Granada nueva, lo mejor de ella, lo que le da carácter único, sugestivo, fantástico, es el aspecto general, son s u s callejas angostas y retorcidas, sus encrucijadas misteriosas, s u s puertas y arcos moros, sus ruinas de baños y de palacios; todos esos vestigios d e grandeza, entre los cuales se olvida lo presente y s e desea q u e nunca e n t r e allí la piqueta reformadora, destruyendo lo viejo para hacer u n a ciudad m á s ó menos bonita, pero como todas las vulgares, en que se ve sólo el buen bolsillo del advenedizo y n o el buen linaje del aristócrata. Y las ciudades tienen también su linaje aristocrático é histórico. Y e s o es Granada: la Historia que se h a parado e n su camino ante u n paisaje mágico para deleitarse pausadamente en él. F O T AYOLA, D E L S U C E S O R D E L A U R E N T Y D E H. AUSER Y ME BT COLON EUGENIO SELLES D e la R. Academia Española p- PLAZA NUEVA Y PALACIO D E LA c n A N C I L L E B I A