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Colegio Real de Santiago, su Escuela de Medicina, y además de esas instituciones oficiales, sus Academias de Ciencias y Letras, de Jurisprudencia, de Bellas Artes, y su famoso Liceo, cuna intelectual de muchas celebridades españolas, y que tiene en su historia brillante una página gloriosa y única entre los centros literarios de Espafia: la de haber llevado á cabo por su solo esfuerzo la coronación solemne de Zorrilla, congregando en el palacio de Carlos V y en los cármenes y paseos granadinos copiosa representación de todas las Academias, de los principales Ayuntamientos y de las más altas personalidades de Espafia, para rendir público homenaje de admiración al gran poeta castellano. El ingenio y la poesía han abundado allá con tal exuberancia, que así como de otros pueblos salen cuerdas de presos, de Granada han salido cuerdas de celebridades. Dígalo aquella inolvidable cuerda granadina, legión de literatos insignes que Granada envió á Madrid, y que ilustraron, y todavía ilustran, las letras patrias. Las aficiones y aptitudes artísticas del público granadino fueron proverbiales entre los actores d lá centuria pasada. En su teatro actuaban los primeros comediantes en la plenitud, de su fama, caso raro entonces, cuando por la dificultad de los viajes no eran tan frecuentes y comunes conao ahora las excursiones de las compañías de Madrid. Granada era para. ellos como Milán para los cantantes. No había actor. notable que se considerase tal si su mérito no había recibido el examen y la aprobación de aquel público refinado. La influencia de esta cultura trasciende á su sociedad, que se distingue por sus elegancias natu- m S E P U L C R O DE L O S R E Y E S C A T Ó L I C O S E N LA C A P I L L A R E A L rales: en el trato: y las maneras y hasta en el tipo físico de lá raza. LA ALCAICERIA Sus FIESTAS, Tieneii sello especial y propio. Las fiestas del Corpus, que son la feria de Granada, no alcanzan la importancia y concurreucia de las de Sevilla, ni las de Semana Santa el esplendor de las de la hermosa perla del Guadalquivir, con sus procesiones y sus Pasos incompar. ib les. Pero en cambio, la naturaleza concurre á las áe Granada con espontáneo tributo, prestándoles el iiaravillóso escenario de su terreno desigual, de sus colinas pintorescas, de sus sierras y valles, que parecen decoraciones de teatro. Los conciertos en el anillo del Palacio imperial y la bajada por el bosque de la Alhambra, iluminado con bengalas multicolores, cujya luz se derrama entre el frondoso ramaje con resplandores de incendio, son especclavan en el alma con persistencia tan firme y hojida, que perduran hasta en la hora de la muerte. á la fiesta de San Cecilio, con subida al Sacro Monte por sus cuestas ásperas y tortuosas, y entre las cuevas de gitanos talladas en la roca, cree ciertamente haber hecho una expedición al- mundo primitivo. Quien allí haya visitado las catacumbas de los mártires, cree haber vivido en los siglos primeros del cristianismo. Quien el 2 de Enero, aniversario de la conquista, haya presenciado la ceremonia le tremolar el pendón de los Beyes Católicos sobre su portentoso sepulcro y la proclamación de la toma, pregonada desde la casa del Ayuntarniento, cree haber asistido, junto al conde de Tendilla y al gran cardenal Mendoza, íi la rendición de Boabdil y á la entrada de las huestes cristianas por las puertas de la ciudfid mora.