Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
LO QUE FUÉ Y LO QUE ES AKA oídos extranjeros hay entre las ciudades españolas unos cuantos nombres prestigiosos á p a r de los más afamados del m u n d o antiguo y moderno. El nombre de Sevilla suena á guit a r r a y castañuelas, á ferias alegres, á coplas y danzas de singular encanto. El nombre de Toledo suena á órgano de catedral, á coros de monjes y ecos de bóvedas medioevales. El nombre de Granada suena á poesía, á serenatas amorosas, á algarada de moros, á sorpresas y rebatos, á murmullos de harem, á chocar de aceros en justas caballerescas. Y de esos nombres, divulgados por la leyenda, el de Granada es quizá el más sonado. Por esos m u n d o s no h a y gente que, al hablarnos de España, no hable en primer lugar de Granada, como de un amor antiguo quien la ha visto, como de un amor deseado quien no la ha visto. Si es verdad que no hay dolor más grande que el de recordar los tiempos fehces en los adversos, ¿para qué hablar de aquella Granada que pasó? Queda allí la naturaleza; queda el cielo alegre y puro; la tierra hermosa, en cuyo seno fecundo bebe ¡ru substancia esa vegetación que bien pudo parecer á las imaginaciones orientales copia del paraíso mahometano. Quedan los dos ríos, no tan ricos por el oro de sus arenas c o m o por la riqueza que reparten al correr de sus sangradas arterias. Pero ¿dónde están, aque I. A VIRGEN DE LAS A N G U S T I A S F A C H A D A DE LA C A T E D R A L Has industrias que fabricaban telas preciosas y joyas afiligranadas, que en los bazares del Zacatín y de la Alcaicería ofrecían los moros á la admiración y á la codicia de la industria cristiana? ¿Dónde aquellas fortalezas, aquellas mil torres macizas, largos afios sitiadas, y sólo á la inconstancia ó á la traición rendidas? ¿Dónde aquel arte arquitectónico, j a m á s ni por nadie llevado á tanto refinamiento del gusto, a r t e tan prnpio que ningún otro ha podido robarle el secreto maravilloso de sus tracerías y sus techumbres estalácticas? ¿Dónde aquellas casas que eran palacios, y aquellos palacios que eran maravillas? ¿Dónde aquella vida múltiple y exuberante que atendía á todo, á la zambra y al torneo como al arado y á la labor, al alfanje del guerrero como á la herramienta del alarife? Recordando la prosperidad de que Granada gozó hasta el triunfo de las armas de Castilla sobre la que llamaban barbarie africana, bien puede decir- se que allí la conquista fué una ruina y nuestra civilización u n retroceso. Pero si su populoso vecindario, sus industrias, y hasta su importancia política y militar decayeron. Granada h a conservado siempre sus gloriosas tradiciones de cultura social, artística y literaria. E n esos p u n t o s ha sido la verdadera capital de la región, sin que pudiera negarle la supremacía ninguna de las otras ciudades andaluzas. Exceptuada Salamanca en lo antiguo, no hay en E s p a ñ a población que contenga tantos establecimientos de enseñanza. Atestíguanlo sus dos Universidades: la oficial y la del Sacro Monte; su Instituto, su