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Cerca de cincuenta años ha durado su restauración, una de las más importantes ejecutadas en Europa. Derribar las partes en ruina; contener ésta por medio de apeos y cimbras, que cual verdadero aparato ortopédico sujetasen los desviados miembros del monumento; reconstruir con absoluta sujeción á los estilos y procedimientos ojivales fachadas y bóvedas, pilares y ventanales, antepechos y pináculos; reparar y rehacer las inapreciables vidrieras de colores; tales han sido, sucintamente reseñados, los enormes trabajos que ha exigido la restauración. El éxito obtenido constituye la gloria de los arquitectos D. Matías La viña, don Andrés Hernández Callejo, D. Juan de Madrazo, D. Demetrio de los Kíos y 1) Juan Bauti. sta Lázaro, directores sucesivamente de las obras. Corresponde á cada uno en ellas parte muy distinta, que no es éste sitio de aquilatar; pero común debe ser el elogio el día del triunfo; triunfo de talento, de arte y de energía, no exento ciertamente de las amarguras inherentes á la lucha de la vida. La restauración del templo leonés constituye además un motivo de legítima satisfacción nacional. Españoles son los fondos con que se ha ejecutado, pues ningún país respondió al llamamiento hecho en 1876 por el Obispo de la diócesis; el arte y la industria españoles han resuelto con absoluto acierto y con notable ventaja económica el arduo problema de la reparación de las interesantes vidrieras de colores, acechada con ansia por varias casas alemanas y francesas; innecesario ha sido acudir, como alguien propuso, á ninguna notabilidad extranjera para ponerse al frente de las obras, pues los arquitectos españoles han demostrado, llevándolas á feliz término. que se bastaban para a empresa. Es, pues, el acontecimiento artístico que León ha presenciado, importantísimo en la historia del arte patrio; algo, en íin, digno de enorgullecer á España entera. Por eso en la fiesta inaugural, cuando bajo aquellas bóvedas que parecen suspendidas en los aires, envueltos en la colo H 1 fe reada luz que des ¡i a ciende á raudales de ventanas, rosas y triforios, y que el humo del incienso hace más vaporosa é ideal, los sacerdotes santificaban nuevamente aquel recinto, s e n t í a s e correr por la hiim i l l a d a multitud el escalofrío de lo sublime; mezcla de u n c i ó n religiosa, de entusiasmo artístico y de amor patrio. ¡Soberano poder de la Arqxiitectura, que arranca al corazón, sin otros medios que la tosca piedra, sus más sagrados sentimientos! V. LAMPÉREZ FO I- O O l í A C J A l. K K SILLERÍA DEL CORO