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s. 4i. D LOS PASOS i Eaninos E EL PRESIDENTE DE LA CÁMARA ERAr OESA MR. DESCILANEL SALUD. 4. KD 0 Á UN DIPUTADO e s p e r a r el advenimiento de esa ley, el pueblo se figura que la h a vivido hace u n siglo y de tanto s u f r i r decepcionéis, el pueblo sospecha q u e c o m o vulgarmente se dice, qued a r á el rabo por des o l l a r c u a n d o se aplique dicha ley. Por otra parte, Francia no rinde, ni con mucho, al arte oratorio el homenaje que le rendimos los españole; Verdader a m e n t e eximios parlamentarios s o n los Jaurós, los Ronv i e r los Waldeck, los Viviani, y tantos otros que sin llegar al lirismo de n u e s t i o C a s t e l a r y Moret. son grandes oradores artísticos; pero el público no se disputa la entrada al J- oro c o n el entusiasmo con que se lo disputa nuestro público. L a idea del valor entendido mata la ilusión d e l debate. El pueblo f r a n c é s tiene la convicción 1 1 buena parte 1? d e s d í c h a S llil- arte oratorio. Las arengas á lo Nelson, y los discursos á lo Bismarck en el Eeiehstag v á CK ÜÍT I en M rse lia h a n l l e g a d o á seducirle, por lo que tiene en menosprecio el kilométrico discurso de pomposa forma, cuyo atildamiento le enamoraba antes. E l orador j r a n c é s no puede, además, exhibir la exuberancia de la forma oratoria con tanto éxito como el orador español. ¡Adiós ahuecamientos de la voz, recursos satíri. os, prosopopeya, coram- vobis, golpes en el p u p i tre! El discurso trances es, ni más ni menos, u n a conversar- iAn r- í. ir, A Alguna ha; ocurrido (jue el i discurconversación cuidada. AI, vez i. so terminó en p u n t a pie, como el célebre de Oonstans, por lo que puede decirse que alguna vez se discutió con los pies. E n l a borrascosa época del asunto Dreyfus, la m a y o r i a interrumpía á los oradores con gritos semejantes á l o s d e l o s animales: cuáles (diputados) m u g í a n como toros; cuáles otros relinchaban como c a b a l l o s cuáles, en fin, aullaban como lobos hambrientos de carne h u m a n a Las señoras de las tribunas huían despavoridas; las nodrizas y niñeras, en vez de ir al museo zoológico del Tardín de Plantas, iban á la Cámara. Se comprende, por unas y otras cosas, que el pueblo francés e s t á desilusionado. Casi se explica que Taillade llamase gesto bello al de Vaillant. LUIS FOTO (IRAKÍAS BOXAFOUX SESI. N- DE APERTURA DE LA CÁMARA. MR. DESCHANEL I. EVENDO EL DISCURSO GRIBAVEDOEF