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f mKm 0i i cy usTiGADO por la picara curiosidad, y fundado en la inteligencia demostrada por las focas célebres que trabajan en el Circo de Parish, ocurrióseme, no investigar detalles por medio de la domadora, sino dejarme de rodeos y celebrar directamente u n a interview con la m á s respetable de las perras marinas. E n efecto; fui recibido en audiencia particular, pero muy particular, por el poco esbelto animalucho, y h e aquí lo que se dignó manifestarme después de comerse u n puñado de sardinas y la rabadilla de cierto crítico de teatros, por n o t e n e r más á m a n o ningún besugo de la otra clase. ¡Ay, señor! -me dijo la foca, dándome u n cari- res. Ya ve usted, una compañera mía estuvo allá en la Siberia cosiendo p a r a fuera d u r a n t e m u c h o tiempo, y por poco muere de inanición. Tuvo que dejarlo y deilicarse al baile i: glés, y hoy tiene un palacio de hielo lleno d e focas modestas y de focos serviciales consagrados á ella. Otj a foca que tuvo casa de huéspedes glaciales en una de las calles m á s céntricas del Polo Norte, sucumbió ante la frialdad que mostraban los pupilos para el pago, y tuvo que aguzar el ingenio p a r a salir de traiapas sin pedir favores á los focos de su alma. ¿Saben ustedes lo que se le ocurrió? Aprovechar el movimier: to rotatorio de la tierra p a r a estable- ñoso palmetazo en el muslo izquierdo con uno de sus obscuros soplillos laterales. ¡tíi supiera u s t e d lo que sufrimos las focas desde que vemos la luz en las heladas regiones polares hasta que hacemos equilibrios con la pelota en la pista del Circo ecuestre! Nacemos muertecitaa de frío bajo el dominio de los esquimales, y antes de llevarnos á bautizar nos barnizan todo el físico, nos atusan los bigotes y nos enseñan los rudimentos de la natación y de la fabricación de sorbetes. Después consultamos nuestras aptitudes, y así como h a y algunas focas que viven como idiotas y sin poderse dedicar m á s q u e á chupar témpanos, á darse baños de asiento y á molestar á la familia, otras nacemos para la vida de la civilización y del arte, y nos consagramos generalmente á los juegos malaba- cer en el extreme de su eje un magnífico Tío Vivo de movimiento natural, perpetuo y económico. P u e s bien; allí lionde otras industrias son miradas con u n a indi eren cia glacial (que allí es la indiferencia corriente) el tal Vivo sé hizo punto de distracción de los osos blancdis, y reunió la foca u n a fortuna que no cesará mientras la tierra se digne seguir girando sobre sí misma. Sí, señor; h a s t a a h o r a nos h a n considerado ustedes como á seres despreciabLes, y eso revela una ignorancia- supina. Pues ¿y respectb ai canto? Nosotros cultivamos u n a música modernistja que hay que chuparse los dedos. Huímos del Fon- i moriré y de La estera confidente, y damos unas voces; que ustedes no entienden, pero que fmr K 0 fil m T H E) llísÁR J res. P o r q u e h a de saber usted que allá en el Polo toda foca digna del nombre que lleva se atiene al siguiente adagio: La foca que sale lista, hace su suerte en la pista. Sí, señor; u n a s vivimos haciendo equilibrios y otras viven desequilibradas, en lo cual nos parecemos á las personas. Pero en una cualidad les aventajamos; pues, p o r lo que veo, unas brillan en el m u n d o y otras no, mientras que nosotras brillamos todas, aunque perezcamos de h a m b r e cosa que puede s u c e d e m o s si no nos dedicamos á estos espectáculos ó á sus congéne- inician u n a revok. ción en el bel canto. Y si no, fíjese usted luego cuando aullemos en la pista mis primas y yo JEn esto estábamos cuándo la d o m a d o r a n o s cortó la conversación para presentar sus lustrosas educandas ante el fotógrafo de una revista ilustrada que iba al Circo con la máquina y con la pretensión de reproducir aquella troupe: ¿Lo ve usted? me dijo aparte mi amable pinípeda, arafo. -Este tío viene á enfocarnos. señalando al fotóg: ¿verdad? ¡Pues ahora dígame usted si el venir á enfocar á las focas no es u n verdadero colmo de la imbecilidad humana! JüAN P É R E Z ZÚÑIGA DIBUJOS DE XAUDAEIÓ