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LA FUENTE (Sil UENTA Argáiz que en un día iQ Í íe otoño calnroso fué I van de Vargas á ver t n hacien da del otro lado del río, entre las puentes Segovíana y de Toledo, hacienda en la cual estaba arando su criado Isidro. Apretóle á I v á n la sed, y pidió á Isidro un poco de agua, suponiendo que tendría allí su correspondiente cacharra, como los demás labradores prevenidos. Pero no, era así, y el mozo no pudo complacerle de momento. -No la tengo; pero allí, señor, puedes ir y hallarás agua, -y le indicó el sitio. Lo creyó Vargas; fué en busca de ella, y como no la hallase, volvió hacia Isidro y se mostró e n t r e quejoso é irritado por la burla que le hacía. Entonces dejó el santo la yunta, fué con I v á n adonde le indicara, u n lugar entre arenisco y pedregoso, reseco por el ardor del sol, y señaló con su aijada en el suelo exclamando: -Cuando Dios quería, aquí fuente había. No bien hubo acabado, cuando como si con la aijada- -dice Argáiz- -hubiese hecho u n a sangría, saltó de la tierra u n golpe de agua t a n clara y cristalina cual se ve hoy. Tanto I v á n de Vargas como Isidro lloraban de agradecimiento al ver m a n a r aquel puro caudal d e agua que corría p o r la tierra, y se postraron de hinojos y oraron fervorosamente. Al poco rato, I v á n se levantó y dijo á su criado: -Isidro amigo, de hoy más yo quiero ser tu criado y que t ú seas señor. E l santo, lleno de turbación y modestia, le rogó con encarecimiento que no diese cuenta á nadie del suceso milagroso. Mas por mucho que trataron de tener en reserva lo acaecido, fué cundiendo, y con ello la especie de que sanaba á los dolientes. Así no es de extrañar que acudiesen de todas partes, aun de fuera del reino, arrostrando los peligros y molestias inherentes á su viaje en aquella época felicísima en que los osos y los lobos erraban por los bosques inmediat o s á Madrid. Con el agua milagrosa se cura- LACROSA ban lasj calenturas, la parálisis, la ceguera, las heridas, los dolores de pechos, y h a s t a los mudos recuperaban el habla para entonar alabanzas al Santo. Blesa cita multitud de casos de lo. s que figuran en el proceso que se formó para beatificar al patrón de Madrid E s fama que la fuente dejó de m a n a r por el uso pernicioso que de ella hacían los moriscos, y por venderla, siendo así que era de todos, y que sólo cuando se prohibió la v e n t a, volvió á correr libremente, Los versos que hay encima de la fuente, y que n o transcribo porque no hay quien no los recuerde, parecen comprobar la virtud del agua, así como la costumbre que practicaba la Sacramental de San Isidro el día 15 de Mayo de ei) i; regar con toda solemnidad á los reyes u n a j a r r a con agua de la fuente milagrosa, también lo corrobora. E n cambio. Limón Montero en su Espejo cristalino por medicinal dicha agua, pero que los enfermos la bebían como cosa santa, y por ello sin duda obraría milagros. Les aconseja que no la beban con tal exceso, puesto que para remedio, tan, con u n a gota tienen harto, y bebiéndola con excedo, más ha de hacerles dalüo que beneficio 3 hay sobre la p u e r t a de la ermita fundada encima del roanantial que hizo brotar el santo con la aijada, se lee: La emperatriz doña Isabel, en acción de gracias por h a b e r sanado su esposo D. Carlos I y su hijo el príncipe D. Felipe, bebiiia el agua dó la fuente milagrosa, instauró esi; a ermita. Año de 1528. Reedificada Valero, fué bendecida en 1725. La Eeal archicofradíá de San Pedio, San Andrés y San Isidro, dedicó estfi memoria. Año de 1886 Aún quedan adeptos fervientes del agua milagrosa; pero la mayoría de los romeros de boy se han convencido de lo que dice Limón Montero y lo corrigen á su modo. Es decir, bebiendo una gota de agua y muchas de vino. KOBEETO DE PALACIO