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IT m iíNf i 3 CONGRESO D E LOS DIPUTADOS MUSEO DE PINTURA timo de los perdigones, ya no saben marcharse de Madrid, y cuando no les oyen sus paisanos de Drovincias confiesan que no hay vida más entretenida, dulce y apetecible que la de Madrid, con su parada diaria en el Palacio Eeal, su misa de Oalatravas los domingos, sus tardes de Recoletos y sus noches de género chico y chocolate á última hora en el antiguo establecimiento de doña Mariquita, oyendo discutir á los chocolateros del velador próximo la actitud de Romero Robledo, el par de Fuentes, la ópera española de Berriatúa y el por qué la condesa de X no asistió á la última función de moda en la Comedia ó en el Circo; y si al retirarse uno á casa, después de saborear el soconusco y la comidilla cortesana, encuentra al notable escritor querido amigo nuestro y vecino de la calle de Cervantes D. Ensebio Blasco á su paso, ya puede decir que es un madrileño neto y llamar á su Pepe para que le abra la puerta, con tanta autoridad y firmeza de tono como si hubiese nacido en el propio portal de la calle Mayor donde murió Villamediana, por meterse, según parece, en motes reales. Pero no este Madrid de las anteriores líneas, ese Madrid monótonamente lujoso que desfila por la puerta de Alcalá en sus blasonados carruajes, dirigiéndose desde el Retiro á la Castellana y desde la Castellana al Retiro, ó plácidamente burgués, que llena los teatros del género chico y las chocolaterías de última hora; aquel Madrid de picaros y de gananciosos á que me referí anteriormente, y todos los Madrües, incluso el de la Pradera de San Isidro, que verá con sus asombrados ojos el provinciano, hoy nuestro huésped, no son ni con mucho el todo Madrid, ni por de contado el verdadero Madrid. Aunque en provincias lo duden, hay un Madrid numerosísimo y honrado que trabaja, que lucha, que se afana, (Jue vive casi oculto con sus grandes virtudes en habitaciones poco soleadas ó en talleres poco amplios; un Madrid obrero, trabajador, intelectual, culto y deficientemente alimentado, que vale por muchos caciques de provincias, y tiene más poesía y más delicadeza, hasta en sus vicios (algunos ha de soportar) que todos los grandes accionistas del Banco y todos los excelsos fabricantes en los suyos; un Madrid que entrevieron en algo, destrozándolo, los novelistas por entregas, y que está esperando que lo reconstituya con todas sus virtudes y todas sus debilidades, sus matices, sus gracias, sus tragedias menudas y mayores, la pluma ilustre de Galdós por ejemplo, ese gran madrileño de Canarias, ó la deliciosamente humorista de Palacio Valdés, ese gran madrileño asturiano. Y basta ya, porque después de aludir á ambas, sólo puedo hacer una cosa en honor de Madrid y de ellas: romper la mía. JOSÉ DE 7 R 0 URE PUERTA DE ALCALÁ P A R Q U E DE M A D R I D P U E R T A DE LA L E A L T A D