Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
há, respetados por la pulmonía, por la viruela, por el hambre y por el parlamentarismo, esas cuatro plagas de Madrid que ensanchan caria año el cementerio del Este, único ensanche verdadero de esta flamante capital. Sin embargo, y con todos los defectos y deficiencias del campamento manchego que habitamos, defectos y deficiencias que con tan fúnebres rayas apunta la estadística de la mortalidad, ¿no es un placer dignó de los dioses el pasearse por la Puerta del Sol, hallando todos los días á las mismas horas á los mismos individuos en los mismos grupos y en los mismos sitios; bajar luego por la calle de Alcalá, tropezando con las mismas personas que suben á la misma hora y siguiendo á las mismas mamas con las mismas niñas, que bajan indefectiblemente con los mismos trajes y los mismos melindres hacia Recoletos? ¿Y el gozo de contemplar á la Cibeles todos los días á la misma distancia del corneta de órdenes de la guardia del ministerio de la Guerra? ¿Y la delicia de ver en el Retiro cotidianamente los mismos carruajes, con los mismos sombreros de señora, los mismos abrigos, las mismas mantas y aun el mismo paso de los mismos trotones? ¿Y la gloria de entrar en el Ateneo, verbigracia, y saludar siempre á las mismas personas, y de introducirse en la Plaza de Toros y ver Siempre en el mismo tendido á los mismos aficiqnados; de asistir á una sesión parlamentaría en 6 i l iCongreso y contemplar en las tribunas al mis) público de siempre; de ir por descuido al MU S í O de Pinturas y no encontrar á nadie? l Dichas y g lorias madrileñas son esas que al provinciano sin cuatro cursos y apretones en la Garrera de San Jerónimo no pueden alcanzársele. Hasta que reciba el espaldarazo de caballero en corte, víctima del sable I un hambrón en la calle de Sede villa, no estar: para él esas venturas, ni puede saborear el delicadísimo deleite de que los acámpai dos en Madriiji te consideremos hermano nuestro y partamos con él la ternera de que se nos vacune y el tranvía que nos mate, Y ahora, escribiendo un poco más en serio, conste que este idrid tan vilipendiado por los que ño habitan en él y por los que en élresidimos, es una población lleiliísima de defectos, pero altamente simpática. Le sucede lo que á ciertas mujeres feas, no excesivamente bellas: que sin ó por lo embargo tien ángel. Cien detractores de Madrid entran todos los días por la estación del Norte y otros tantos la del Mediodía, dispuestos á decir porl toda clase de cosas desagradables de la capital del Reino, y apenas residen en ella dos meses, y aunque de prim ra intención les hagan víctimas del