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plectro pulsé que me elevó h a s t a el Pindó. Con sabio estudio, infatigable anhelo, pude adquirir coronas á mi frente de fresco mirto y de laurel, á cambio de amarguras sin fin en mí vertidas. ¿Que qué obras di al teatro en tus felices días? Escucha, pues, decimonono: Di primero El harón, preciada joya engarzada en sencillos y admirables octosílabos versos, de profunda sátira, aderezada con sal fina. La mojigata di, no menos bella, de caracteres atinado estudio en que docta lección enseño y útil, conocedor del corazón humano. Y, en fin, poco después, p a r a glorioso r e m a t e y justa admiración del hombre, hice El sí de las niñas, animada copia del mundo, de comedias tipo, siempre de actualidad, siempre del día, b a s t a n t e á eternizar mi n o m b r e insigne. ¡Como que fué inspirada por u n puro amor, tan puro como infausto y dulce! ¿Para qué quieres más? Con esto sobra. La corba escena resonó en frecuente aplauso alzando de mi n o m b r e el vuelo. Si de Kl médico á palos, de La escuela de los maridos y del Hamlet callo, es porque las traduje; y no te cito aquí El viejo y la niña, ni tampoco mi Café, porque fueron estrenadas cuando tu antecesor regía el mundo. LEAHDEO PESÍfÁNBEZ DE MOSATÍU Nací de honesta m a d r e dióme el cielo fácil ingenio en gracias afluente, y pasé mi niñez arrebujado en los vestidos de las nueve h e r m a n a s -Vive, precioso niño, -me decían entre muestras de júbilo; y el hijo de Latona y de Júpiter, con tono grave y tierno á la par, -Corrige, estudia, levanta tu t e a t r o e n sus robustos brazos me dijo. Y al teatro fuíme. Dirigir supo el ánimo inocente á la virtud el paternal desvelo, y los que recibí claros principios de honor y de mora! vi r e t r a t a d o s en las comedias que escribí más tarde; que el que joven respira ambiente puro, el saludable bien después practica. Fortalecido, pues, con las que tierna mi m a d r e m e dictó doctrinas sabias, y el exquisito gusto y la cultura que h e r e d é de Flumisbo, mi buen padre, inflamado mi n u m e n el sonoro Sólo me resta recordar humilde que corregí, que castigué severo á los m u c h o s p e d a n t e s d e funestas obras incomprensibles creadores; de versecillos simples y ripiosos máquinas incansables; atrevidos y despiadados corruptores de algo que importa mucho á las naciones todas: que es su literatura. F e dar p u e d e Cornelia de mi intento, de mi empuje y de mi amargo y a b u n d a n t e lloro. Dócil, veraz, de m a c h o s ofendido, de ninguno ofensor, las musas bellas mi pasión fueron, el h o n o r mi guia. Si, como Calderón, genio sublime no tuve y portentoso, en gusto y arte no le cedo el lugar, que yo le ocupo; yo sí, Inarco Célenlo, quien las auras que el t r a n s p a r e n t e tul del Sena rizan tuvo al fin que buscar, en cuyo suelo halló dulce quietud y humilde fosa en que se honró su inolvidable numen, ya que no la bañó lágrima alguna. Tal es quien tuvo que decir á España: Y pues así las leyes atropellas, si p a r a ti los m é r i t o s h a n sido culpas, adiós ingrata p a t r i a mía. DIBUJOS DE BLANCO CORIS