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E murió el siglo, y antes de morirse hizo testamento. (No es raro que lo hiciera ANTES. Deseoso de quedar bien ante sus predecesores, escogió todo lo bueno que vio la luz del sol durante su reinado, y empezó por separar una de otra las cinco partes del mundo. Y yo me fijé en Europa. Hizo con ésta lo que con las cuatro restantes: dividirla en Estados. Y yo m e fijé en España. Y ya en la Península ibérica, estudió los inventos y los adelantos en cada uno de los ramos del saber. En política, en ciencias, etc Y yo me fijé en el arte. Dentro del arte distinguió la pintura de la escultura, de la música, etc Y yo m e fijé en la literatura. U n a vez metido en las letras, hizo la clasificación de novelas, poesías, épica, lírica, dramática, etc Y yo me fijé en el teatro. Y ya ensimismado en este género, le vi ojear ejemplares de tragedias, dramas, comedias y saínetes, entre los que leí algunos títulos como los siguientes: jB ¿sí de las niñas, Edipo, Don Alvaro ó la fuerza del sino, Chizmán el Bueno, ¡Muérete y verás! Los amantes de Teruel, El hombre de mundo. El trovador, Don Juan Tenorio, Consuelo, Un drama nuevo, Don Tomás, El gran galeota, La Dolores, Pepa la frescachona ó el colegial desenvuelto. Los dulces de la boda, Xos valientes. Las recomendaciones. El nudo gordiano. Los hugonotes. Mar y cielo. Cariños que matan, Juan José, La comida de las fieras, El patio y algunos más. Pues bueno; omitiendo aquí (porque otro lo hará) el llamamiento que hizo el siglo á los hombres ilustres, científicos y artistas, de todos los países, y los cantos que éstos entonaron en pro de lo mucho bueno que hicieron por el progreso del mundo, me limito á los autores dramáticos españoles de esta ultima centuria, que á fuerza de ingenio y de trabajo elevaron gloriosamente á una altura inaccesible la escena patria, por c u y o o r o y en áurico trono sentada, la vieja E s p a ñ a se asoma entre Melpómene y Talía, coronando á Lope, Tirso, Morete, Eojas y Calderón, orgullosa de ser en arte escénico la primera nación del mundo. Y vayan ustedes leyendo á los maestros, porque uno por uno van á proclamar en verso las obras mejores que dieron al teatro para enseñanza y deleite de las multitudes. Ruego á mis lectores que me atribuyan todos los defectos que noten en los estilos de estos literatos, y que reconozcan las bellezas que encuentren como de sus autores. Yo no he hecho más que copiar como mejor pude lo que escribieron desde el otro mundo los muertos y lo que dicen en éste los vivos, poniendo de mi cosecha lo que no p u d e entender. Y en todo caso, que poetas y público perdonen á E N R I Q U E D B L A VEGA