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liijo mío, qwe procures enmendar en lo posible el mal que has causado, principalmente á ti mismo. Y lo primero que debes hacer es venirte en seguida. Tu p a d r e está muy enfadado, pero cuando vea que estás arrepentido de veras te perdonará. Además, todavía tengo esperanzas de que se pudiera arreglar, andando el tiempo, lo que parece completamente imposible. Sé que la pobrecita María Luisa está cada vez m á s triste y más angustiada. ¡Pobre criatura! E s u n ángel, demasiado lo sabes. Desde lo que tú has hecho no sale apenas de casa y se la ve muy desmejorada. Yo he hablado algunas veces con su madre, pues la pobre señora sabe lo que yo sufro también. Como conozco mejor que tú el corazón de María Luisa, estoy segura de que todavía te quiere y de que no siente tanto tu burla como la falta de tu cariño. Piensa en todo lo que te digo, y no des más disgustos á tu madre, que siempre te quiere- -Dolores. De Mariano á María Luisa: J Grand- Hótel. París 16 de Mayo de 188 cMi siempre adorada María Luisa de mi vida: Si vieras la emoción que me embarga en este momento, si vieras cómo tiembla mi mano, y las sinceras lágrimas que me ciegan, no dudarías en creer lo que te voy á decir, lo que te voy á j u r a r que es verdad por el santo nombre de mi madre. lío sé si esta carta llegará á tus manos, ni si la arrojarás, sin leerla, con indignación y con desprecio, en el caso de que la recibas. Comprendo que cometo u n a osadía al dirigirme á ti, pero no puedo menos de hacerlo. Una fuerza superior á toda reflexión, á toda conveniencia, ha puesto la pluma en mi mano, y no la dejaré hasta que te haya escrito todo lo que siento, todo lo que sufro, todo lo que te adoro. J a m á s h e dejado de adorarte, María Luisa. Esto parece una blasfemia, pero es la verdad. H e sido u n infame, h e cometido u n a villanía inicua, pero mi adoración hacia ti no ha desaparecido nunca; el amor que te profeso ha permanecido oculto en el fondo de mi alma, pero jamás se ha extinguido. Y tu recuerdo mantenía siempre en mí los más crueles remordinrientos. Me parecía al hombre que en medio de sus culpas se acuerda de Dios. Pero no sé lo que te digo. Yo quisiera escri- birte con el corazón, no con palabras, y así lo que te dijera sería más sencillo y te conmovería más. Pero ¿acaso puedo yo pretender que te conmuevas, que te interese siquiera cuanto te pudiera decir? Ya sé que no merezco más que tu desprecio tu indiferencia, tu olvido absoluto; demasiado sé que no soy digno de que vuelvas á pensar ni un instante eíi este desdichado; pero necesito, aunque sea la última vez en que me atreva á dirigirme á ti, dejar que mis sentimientos broten hoy entre lágrimas de dolor y protestas de arrepentimiento. Tú no puedes comprender el estado de mi alma. Es la tuya tan hermosa, tan buena, tan sencilla, que jamás podría explicarse que liaya otras almas donde quepan á la vez sentimientos honrados y perversos, lo bueno y lo malo, luces y sombras. Menos podrías comprender q u e se ame y se abandone á quien se ama, sin dejar de amarle. Claro es que tú no puedes entender estos misterios, estas horribles contradicciones del alma h u m a n a Porque tú eres un ángel, y las almas de los ángeles son muy diferentes de las h u m a n a s Pero también los ángeles se compadecen de nuestras miserias y perdonan nuestros extravíos... ¿Podría yo esperar? Seré u n insensato, soy u n osado al hablar de esperar; pero es tanto lo que te quiero, tanta mi desesperación, estoy tan sinceramento arrepentido y eres tú tan buena Pero ¿puedes conservarme tú la menor afección? Te juro, mi más que nunca adorada María Luisa, que eso es lo que causa mi mayor tormento. Pensar que ya no me volverán á mirar tus divinos ojos, que ya no volveré á escuchar tus palabras dulcísimas, que ya no me quieres es un tormento superior á mis fuerzas, es un castigo tan grande como mi delito. Xo puedo seguir, María Luisa; no te molesto más, ni volveré á molestarte. H e tenido que luchar y resistir contra los vehementes deseos que repetidas veces m e han acometido, impulsándome á ir á esa, arrojarme á tus pies y Pero no, mejor es así; no tengo valor para verte y saber que te he perdido. Adiós, María Luisa María Luisa de mi alma- -Mariano. i 4 De María Luisa á Mariano: dSan Sebastián 18 de Mayo de 188 Ven. -María Lídsa. L u i s DE TEExÍN