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anunciado que estaban resueltos todos tus asuntos, y la falta de franqueza, de claridad, el esfuerzo que se nota en las frases de cariño que me diriges de algún tiempo á esta parte, son motivos para que me tengas acongojada, para que no se m e ocurran sino disparates (perdóname, ¡Tero á veces pienso cosas horribles) para que no viva, en una palabra, pues te aseguro, Mariano mío, que no es vivir con lo que j O sufro hace muchos días. Podría creer, quiero creerlo, lo creo, porque te juzgo incapaz de engafiarme, que tus asuntos, por los inesperados incidentes X que aludes, te obligan á prolongar tu ausencia; pero no puedo equivocarme al leer tus pa, labras de cariño. ¡Te quiero mucho para que me equivoque en lo que tanto me interesa! Mira, Mariano; cuando se quiere como yo te quiero, con toda el alma, sin reservas, con locura; cuando se leen y se releen infinidad de veces las ansiadas cartas; cuando se está pendiente, como yo lo estoy, de la menor paíabr? hasta de los rasgos de las letras, no se puede menos de apreciar el detalle m á s insignificante, pues todo tiene la mayor importancia para quien no vive más que pensando en ti No sé si haré bien en expresarme de esta manera, pero sé que te estoy escribiendo desde el fondo de mi corazón. íÑuuca me hubiera atrevido á hablarte con tanta vehemencia; pero hoy, aunque te parezca mal á ti mismo, no quiero ocultarte nada de mis sentimientos. ¿Xo hago bien? Además, ¿por qué no h e de decirte todo lo que te quiero, si es la verdad? ¿No me quieres tú también del mismo modo? Pero ¿y si me has olvidado ya? jlío, por Dios! No quiero atormentarme más, cuando seguramente lo esto) haciendo sin motivo. Kíñeme, Mariano mío; dime que soy una tonta, una chiquilla sin substancia y mal pensada; pero dime que me quieres lo mismo, que no t e has olvidado de mí y que vas á venir muy pronto, que n; e vas á dar una sorpresa. Como hace tres días que no me escribes, se me ha ocurrido que lo que vas á hacer es venir sin avisarme, y todos estos días me los paso en el mirador para ver si me sorprendes. Hoy, y por eso m e encuentro m á s triste que nunca, me he llevado un chasco mayúsculo. Figúrate que llevaba dos horas en el mirador, viéndote por todas partes, cuando me distrajo u n momento la entrada de un vaporcito que no cesaba de pitar con la sirena; pero lo más extraño era que, en lugar de dirigirse a! puerto ó anclar en la Concha, seguía avanzando como si quisiera llegar hasta Alderdi Eder. Llamé á papá y cogí los gemelos, cuando de repente estuve á punto de dar u n grito, pues me pareció verte á ti, que venías en la proa del vaporcito ¡Y ya ves qué disparatel ¡Venir de Madrid embarcado! Pues nada, hasta que me convencí de que no eras tú, pasé unos instantes sin saber lo que hacía ni lo que pensaba. Ahí tienes otra de mis ocupaciones: mirar el mar. Como sé que te gusta tanto y que se te ocurren unas cosas tan bonitas cuando hablas de él, le ccmfío todos mis secretos. Hoy está muy azul y muy tranquilo. ¿Te acuerdas del susto que nos llevamos cuando hicimos la última excursión á Santa Clara? Yo fui la que menos se asustó de todos, porque estaba segura de que no me dejarías ahogar Pues mira, si es que ya no me quieres, más valiera haber concluido en la galerna aquélla ¡Jesús! ¡Estoy desatinada! Te dejo, Mariano mío, y quiera Dios que sea la última vez que te escriba. Hasta muy pronto, ¿no es verdad? Olvida cuantos desatinos pongo, y no pienses m á s que en lo mucho que te quiere tu invariable- -María Luisa De Pepe á Mariano: iSan Sebastián 12 de Eebrero de 188 Querido y desgraciado amigo; E n verdad que eres un desdichado, mi pobre Mariano, y si no fueras digno de compasión, no lo serías de nada. Te hablo con mi habitual rudeza. Me pides en tu última que te manifieste sin