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CORAZONES FEMENINOS NOVELA DE D. LUIS DE TBEÁN. ILUSTRACIONES DE VAEELA DEL CERTAMEN L I T E R A R I O DE BLANCO Y NEGRO: i (Conclusión. De Mariano á un su amigo y paisano: Tánger 24 de Enero de 188. UEBIDO Pepe: Tu filípica es contunden Im P justa. Tienes harta razón en cuanto me dices, y t u s censuras y recriminaciones están muy en su punto. Bajo la cabeza y no me rebelo. ¿Quieres más? Pues m á s aún. Sé que cometo una infamia; no eludo los vocablos precisos: que mi proceder es incalificable, que probablemente voy á labrar mi desgracia- -esto sería lo de menos- -y la de u n ángel cuyo delito es adorarme; todo eso sé, y, sin embargo, aquí me tienes sin fuerzas para retroceder, ni alientos siquiera para poner orden en mis ideas. Vas á reírte ó á hacer una mueca de disgusto y tal vez de desprecio; pero te aseguro que hay momentos en que m e creo víctima de u n a sugestión perversa. De lo contrario, es decir, estando en posesión de mi voluntad y de todas mis demás facultades, ¿cómo m e explicas. tú que, con el corazón lleno de un amor purísimo é inmenso, me enloquezca hasta tal punto otra mujer y en tan corto número de días? Y menos se explica lo que t e decía en mi anterior y que hoy te repito, á saber: que sigo enamorado de María Luisa, á la que quisiera dar toda la felicidad que se merece, y que, sin embargo, basta una mirada de Mila p a r a que por ésta hiciera las mayores locuras. Y no me hago ilusiones, ni atenúo mi conducta. Si se t r a t a r a de otra mujer cualquiera, mi proceder no tendría quizá n i n g u n a consecuencia y hallaría disculpa en los acomodaticios cánones de la moral corriente; m á s aún, hasta sería compatible, dentro siempre de esa misma moral, con un amor honrado; pero con Mila comprendo que es muy diferente; el dilema es terminante; ó María Luisa ó ella; y, sin embargo, vuelvo á repetirte que amo á la primera y me enloquece la segunda. ¿Quieres que te diga más? Me repugna mezclar el nombre de María Luisa con el de la otra. Ya ves si estimo bien la diferencia que hay entre ambas y el respeto que merece la que de! ella es digna. Creo, mi querido l epe, que sin tratar de sustraerme á t u s recri aciones, merezco, por lo menos, tanta co: mpabión como censuras. Estoy loco. Me preguntas qué voy á hacer. ¿Acaso lo sé yo? Por de pronto, dentro de dos días saldré para Madrid. Mi estlancia en ésta iio puede ya prolongarse de u n a manera justificada, y además me repugna teher que seguir inventando y mintiendo en las cartas que escribo á ella y á mis padr- s; llegaré á Madrid y Mila llegará también. Mi permanencia en Madrid tampoco p o d r á justificarse aijriba de cuatro ó cinco días. Tendré que volver á San Sebastián, y te aseguro que ese momento el m á s codiciado de mi vida no hace mucho ha de ser ahora uno de los más horribles. K o estoy tan degradado que no m e subleve ante la idea de tener que engañar alevosamente á la que es digna de la más intachable lealtad. No quiero seguir, Además, ¿podré ilejar porque seguro estoy de que, á pesar de cuanto yo pudiera engañar le á mí mismo, todo lo que te escriba no h a de servir, como es de justicia, sino para que iaumenten tu enojo y tu indignación, que harto sé (pbedecen únicamente á la sincera amistad que ime profesas y á tus ideas, poco frecuentes hoy ipor desgracia, en los asuntos de honor. Te envía un apretado abrazo tu amigo que no te merece- -Maria De María Luisa á Mariano. cSan Sebast: án 8 de Febrero 188. ¿Qué es lo que me ocultas, Mariano de mi alma? Porque es inútil que lo niegues, es en vano que t e esfueirpes en tranquilizarme. Te ocurre algo, sucede algo, no sé qué; hasta ahí no llega mi certeza; ¡jero j a irregularidad de, tus cartas, tu prolongada estancia, primero en Tánger y ahora en Madrid- después de haberme