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LA BUENA CRIANZA, Ó TRATADO DE URBANIDAD MONÓLOGO ESOEITO PARA EL PKIMEB ACTOR D. JOSÉ RUBIO. ESTRENADO EN KL TEATRO DE LA COMEDIA 2 3 DE MARZO DE 1 9 0 1 Fragmentos del monólogo (encarándose con el p ú b l i c o) Urbano Cortés Pulido y Ortiz de Celuloide. Katural de Andorra (valle de) Profesión, Pedagogo y algo publicista. H e dado á luz útilísimos é innumerables tratados. Citaré ent r e o t r o s los siguientes: Guia- Manual del suicida. Ensayo sobre la fabricación de la coliflor artificial. Método abreviado para aprender el inglés en diecisiete años y dos meses (tercera edición) La mujer, su utilidad y sus diversas aplicaciones (un tomo en 4. Diccionario matrimoniales (agotado) esté bien cuidada y atendida Durante la convalecencia háganla pasear bajo los cables del tranvía eléctrico en día de nieve. E n caso de no o b t e n e r resultado, oblíguenla á hacer u n viajecito en el sud- expreso. Nadie sabe lo que puede ocurrir. Cuando p r e s t e n ustedes dinero á algún amigo, es una imperdonable grosería recordárselo, y mucho m á s imperdonable reclamárselo. Lo elegante es perdonárselo, y lo mejor de todo no prestárselo. Los dientes se limpian en casa, nunca por la calle ni en misa. E s feísimo rascarse delante de otras personas. Al hombre bien educado se supone que no le pica nada. de insultos Ante todo definamos. ¿Qué entendemos por urbanidad? Urbanidad es el arfe de aburrir extraordinariamente á los demás, molestándose mucho á si mismo, ó de otro modo, la manera de hacerse insoportable á fuerza de buena educación. Ojeada histórica. La urbanidad es tan antigua como el mundo. Consta, efectivamente, que cuando E v a ofreció á Adán la célebre camuesa, éste dijo galantemente: No, tú primero; y que adem á s se la peló, dándole el mejor pedazo. Se sabe que Adán no se mordía las uñas, ni roncaba, ni decía nunca rediez. La urbanidad recibió u n gran impulso con la invasión de los bárbaros. Atila era finísimo y pertenecía á una distinguida familia bárbara. U n hijo p a r a su padre, pw mucho que crezca, siemp r e será u n hijo. A m e n ustedes á su padre. Respétenle, evitando todo género de familiaridades. H a y frases que no se le deben decir nunca á un padre, como verbigracia: Entra por uvas; toma tripita; apúntate ocho, y otras semejantes. P a r a la mujer especialmente, señores, deben tener ustedes tesoros de amabilidad, cataratas de galantería. No fumen nunca delante de una señora más de tres puros seguidos. Pueden llegar á cuatro si es cubana. Respecto á la suegra, si la bubiere, toda consideración me parece escasa. Si desgraciadamente cae enferma, deben ustedes agotar todos los medios para que No es elegante, digan lo q u e quieran ciertos tratadistas, el hecho de servirse las espinacas con las manos. Tam poco puede admitirse la succión de los dedos (vulgo chupárselos) sin un motivo muy justificado, y en todo caso uno por uno, nunca en grupos de cinco. Los labios se limpian, después de beber, con la manga del brazo derecho. El tenedor se tendrá en la mano izquierda. El cuchillo en la derecha. L a cuchara no se manejará al mismo tiempo que el t e n e d o r y el cuchillo á menos que se disponga de u n a tercera m a n o suplementaria. Y no teniendo más quo añadir, me ofrezco s u y o afectísimo Pero ¡torpe de mí! se m e olvidaba lo m á s importante la urbanidad en el teatro. Consiste en que cuando asistan ustedes á la representación de u n monólogo, no muestren su desagrado bajo ningún pretexto. Debe u aplaudir siempre estrepitosamente. Así lo preceptúa el buen gusto. Y siendo ustedes la flor de la elegancia, es muy justo que me aplaudan con calor, y demuestren su buen gusto al autor. J O A Q U Í N ABATÍ