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LA 3 RTA. JtTANA OHAUVIN DEPENDIENDO X UN OBRERO ANTE EL TRIBUNAL DE OHATEAU- THIEERr LA PRIMERA ABOGADA FRA. NCESA HATBAU- THIBBEY ha sido el primer tribunal de Francia que ha ter ido el honor (seamos galantes) de yjjjf J admitir en su seno a una mujer investida con la toga del abogado, y al presidente de aquella sala, el célebre juez M. Magnaud, cábele la gloria de haber sido también el primero en compartir los deberes profesionales, los altos deberes que impone la administración de justicia, cor un letrado del sexo femenino. Hoy el suceso tiene uua importancia excepcional, porque sienta el precedente de que no es lícito privar á la mujer del ejercicio de una carrera; pero cuando por efecto de este precedente se generalice lo que hoy parece un acontecimiento extraordinario, la historia consignará los norhbres de Mr. Magnaud y Chateau- Thierry con elogio: el uno, por ser el del primer presidente que tuvo en el estrado una mujer togada; el otro, por ser el primer tribunal á quien cupo esta honra indiscutible que agigantará el tiempo. Mayor gloria, sin embargo, que á nadie, corresponde á MUe. Ohauvin, la rotagonÍ 8 ta de este suceso, cuya tenacidad, cuya energía ha logrado vencer la resistencia que desde el primer momento se opuso á su propósito por parte de los que no tenían más remedio que reconocerla como compañera de profesión, una vez que había adquirido la licenciatura, y que no obstante, pretendían discutirla el derecho á ejercer la carrera cuyo estudio le había costado tantos afanes y tantos sinsabores. La ceremonia de ser recibida como abogado la señorita Juana Chauvin, so verificó el día 19 de Diciembre último. Introducida en la sala con los otros abogados que debían prestar juramenta, la joven se sentó en la primera fila entre sus compañeros. Fuera agolpábase una multitud deseosa de presenciar el acto, y los sitios c ue en la sala se reservan para los magistrados y familiares de la audiencia estaban llenos de curiosos. Llegada la vez á MUe. Chauvin, contestó con voz segura y fuerte: ¡Juro! ICn seguida se sentó en el banco de los abogados, donde permaneció algún tiempo. Después fué al vestuario para despojarse de su toga, ante el gran cartón verde en que se lee esta inscripción: -Maitre Jeanne Chauvin. Catorces días antes que Mlle. Chauvin, había jurado también el cargo otra distinguidísima joven, madame Petit; pero la gloria de esta conquista femenina corresponde por entero á Juana Chauvin, que con tenacidad y energía increíbles en su sexo, luchó hasta conseguir su propósito, sin sent: rse abatida ante los obstáculos con que la rutina trataba de cerrarle el camino. En los primeros días de este mes la joven defendió ante el tribunal á un obrero, Mr. Saly, despedido por su patrón sin motivo legítimo. No se dictó fallo en la causa por tener que susper. derse la audiencia hasta nuevo sefíalamiento. JOTodRAFÍA DE LA VIE ILLUSTRÉEÍ