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Tánger es pintoresco con sus animados zocos, sus misteriosas encrucijadas y su muchedumbre abigarrada, luciendo todo bajo un sol de fuego; pero es sucio, extraordinariamente sucio, y en este concepto le perjudica lu brillantez del sol. Créete, paisanita mía, (pie los que estamos habituados á la pulcritud, de nuestra bella Kaso, somos muy exi. gentes, y con razón, en esta clase de asuntos. ¡Cuánto echo de menos á mi oncha con nd diaria Luisa! Pero no tardaré en verlas, es decir, en verte; porque si estuvieras aquí me parecería esto u n paraíso; sin embargo, prefiero recordarte c o n o engarzada en nuestro querido pueblo. H a s t a muy pronto, tesorito mío, nere ytiirii- lin íiinitea, iiere. hiotza. Tu- -Mc. riano. t lie María L- ima á Mariaito: San Sebastián 17 de Enero de 188 Mila ú Marín Luisd: Tánger 12 de Ene. -o de 188. Querida María r uisa: Si fuera á presentarte todas las excusas y á pedirte todos los perdones que te son debidos, tendría necesidad do llenar muchos pliegos y jamás llegaría á mostrar bastante arrepentimiento para rescatar nu falta; por lo cual lo mejor será que nre linnte sencillamente á encomendarme á tu buen c: orazón. Soy am. Siempre llena de buenas intenciones; pero saiíido es lo que éstas abundan en el infierno, á lo que arece. Estoy encantada con mi exíiursión. Por fin i- ealicé mis deseos de escaparme u n invierno de 3I adrid, aunque sea por poco tiempo. África es ima delicia, y me encuentro tan bien, que sin duda he sido yo africana- en al. guna de nns existencias anteriores, ó quizá estoy destinada á serlo en la próxima. iS o estoy segura. Lo cierto es que me hallo como en mi casa, y hasta me siento con instintos medio salvajes. Cada vez ten, go m á s deseos de hacer algo raro; ya lo he hecho en parte al venir en compañía de dos inglesas verdaderamente insoportaiiles. Gracias al encuentro de Mariano, ó del fsefior Cortázar, si te parece que lo trato con excesiva conjia iiza, no he sido víctima del sjdeen. Por cierto que tu señor es muy galante y habla bastante m á s de lo que yo podía figurarme al recordarle como nuestro acompañante de San Sebastián. Los aires africanos hacen prodigios. iVle horrorizo al pensar, y te compadezco, que ahora estará lloviendo en esa. Aquí hace u n sol espléndido, y en este momento estoy viendo cómo reluce un formidable moro. Te al) razíi tu- -Mila. r Querido Mariano: ¡Vaya con tu última carta (pie acabo de recibir! Veinticinco líneas, las he contado tres veces, y en papel estrecho. P a r a que no lo vuelvas á hacer, te diré que h e estado u n rato llorando; ya ves, por tu causa, por ti, que t a n t a s veces me has dicho que no quieres que se empañen nunca mis ojos Muclio t e importan á ti mis ojos! Pero no, no te enfades, ya sé que te importan; soy una tonta en d. ecirte estas cosas, y lo soy de remate por hal) er llorado, pues verdad es que, aun cuando me escriioes poco, me aseguras que no tenías tiempo. Y yo te creo. ¿Por qué no había de creerte estando segura de lo mucho que me quieres? jQué tontísima soy! íío m e hagas caso. Maña lio mío. ¿Ves? P a r a q ue me perdones te llamo como t ú quieres; y ten seguridad de que si m i s cartas pueden parecerte sosas, no es más que por no saber expresarte lo que siento como yo quisiera. Soy muy torpe, pero nadie me ganaría á saber quererte. ¿Estás contento? De Mila tuve carta ayer, ya te lo h a b r á dicho. JN O me dice cuándo vuelve á Madrid, pero supongo que aprovechará t u regreso p a r a que la acompañes, ya que la aburren tanto esas inglesas. ¡Xo puedes figurarte las veces que cuento los días que faltan para tu venida! Sin embargo, no hagas el disparate de cuando te fuiste: al regreso descansa en Madrid un par de días siquiera. A pesar del deseo que tengo de verte, me alegraré que lo hagas así. Ya en Madrid, te tengo m á s cerca: no es lo mismo que en Tánger, ¡ue cuando lo veo en el mapa, cosa que hago muy á menudo, me asusta ver la distancia que nos separa. Yo sigo haciendo la misma vida. Todas las mañanas voy á misa á San Vicente para rezar por ti. Por las tardes no he salido más que dos veces desde que te fuiste, y por las noclies ninguna, á pesar de que nos hemos abonado al teatro, donde hay una compañía de ópera que, S 9 gún papá, es bastante buena. No quiero ir á ninguna parte hasta que t ú vengas y m e acompañes. Ayer vinieron t u s padres á casa y, con los míos, se rieron mucho de mí; pero no me importa. ¿Te reirás tú también? ¿A que no? ¿N erdad que no? diós, Mariano mío; recibe todo el cariño de tu- -María Luisa. L i n s i) K TIÍR. ÍN Terminará en el número próximo.