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v. Corfiízar á Maria Luisa: Tánger 7 de Enero de 188 María Luisa de mi vida: Acabo de dewembarcar y de ponerte un parte, y como m e he enterado de que dentro de media h o r a sale un correo para Gibraltar, aprovecho la ocasión para escribirte unas líneas y no perder ninsíuna 0 ortunidad de Iiahlnr contigo. Supongo recibirías la que te escribí desde Madrid, y que recibirás otra que te h e escrito en Cádiz antes de embarcarme. Como te habrás enterado, aunque no estuve en Madrid sino de tren á tren, ful á, ver á Mila, la cual no solamente está fuera de Madrid, sino que sus criados ignoran su paradero. Xo te entristezcas, I) aes nadie es digno de cansarte el menor disgusto, y no perdonaría yo á quien hiciera que se empañasen t u s preciosísimos ojillos. ¡Si vieras cómo m e acompañan á todas partes! Siempre los tengo presentes, tan azules, tan parleros, y ¡me dicen tantas teosas! ¿Sabes t ú lo que me dicen? ¡Qué deseos tengo de ver letra tuya! La verdad es que con la rapidez de mi via. ie conseguiré estar más pronto le vuelta; pero en cambio estoj sin saber de ti desde que salí de esa. En fin, lo principal es- lo primero. Tengo que dejarte, pues m e avisan que se van á llevar las cartas; pero me desquitaré en mi próxima y te comunicaré mis impresiones de Tánger, del que h a s t a ahora no tengo ninguna idea, pues no h e hecho más que desembarcar, venir al hotel y ponerme á escribir. Adiós, amor mío; no vive más que por ti y para ti tu- -Mariano. Del mismo á la Tánger 8 de Knero de 188, Queridísima María Luisa: Ante todo, como sé que te agradará mucho, te voy á dar una verdadera sorpresa. Figúrate que ayer, después de escribirte, y como me avisaran que me esperaba el ahnnerzo, m e dirijo al comedor y ¿á quién dirás que me encuentro allí? A tu amiguita Mila, De Mariano á I rila en persona. Ya te estoy viendo hacer gestos de asombro y preguntarte el por qué le tal encuentro. Te lo diré, ó por mejor decir, te transcribiré, poco más ó menos, lo qne me dijo olla en un momento y después de los primero. s saludos: Siéntese usted, amigo (Jortázar; con O, ¿eh? no m e volveré á e uivocar, y haga el favor de dar fin á sus manifestaciones de asombro. Yo le daré cuantas explicaciones desee mientras almorzamos, porque le advierto que los aires africanos me h a n despertado u n apetito devorad or. Después me contó que había aprovechado una oportunidad que se la presentó p a r a recoi- rer la costa 2 orte de África en compañía de dos señoras irglesas, á las que me presentó, y las cuales, sea dicho entre paréntesis, tienen aspecto de pastores protestantes. E n lo que á ti se refiere hizo las mayores protestas de cariño, juró y perjuró que te quiere entrañablemente; pero qus es as añadió que precisamente ayer se disponía á escribirte una larga epístola, entonando un yo pecador completo y dándote cuentí, de sus impresiones de turista. Y basta de Mila, y hablemos de nosotro. s, preciosísima mía. Me lie enterado ya de mis asuntos y tengo l a alegría de decirte que espero terminarlos antes de lo que suponía, y que, por consiguiente, no pasarán muchcs días tal vez SÍJI que m e encuentre al lado tuyo, y entonces, no solamente no nos volveremos á separar, sino que apresuraré el momento de que nos imamos de veras. ¿No tienes tú les mismos deseos, María Luisa de mi alma? Te aseguro q ie si no tuviera la certeza de volver pronto á tu lado, Tánger, con todo lo que contiene, m e parecería lo más horroroso del mmrdo. Aun así, maldito lo que tiene que ver tan decantada ciudad. Cierto es que h a y cosas curiosas, sobre todo p a r a un artista; pero ya sabes que yo no soy más que un mal aficionado. Sin embargó, h e revelado un gusto exquisito al haberme enamorado de ti tan locamente como lo estoy, y si á esto se añade el que me quieras tú, dimo entonces qué artista, ni qué magnate, ni qué soberano puede ostentar mayor gloria que la mía.