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ahora m a n d o te dé mi cariñosa enhorabuena, debiendo haber empezado por ahi. De todos modos te l eHcito de corazón y te deseo un idilio eterno. Felicita también por su inesperado arranque á nuestro acompañante el señor de ¿querrás creer que no me acuerdo de su apellido? No sé si es Cortázar ó Gortázar; pero (tonfío en (juo no se enfadará tu galante, galán por mis dudas entre una C y una G. Además segura estoy de que tam 0 C 0 él me recordará con exactitud, y menos ahora que lo tendrás embargado. ¿Qué más te diré? Que ya se van abriendo los teatros, y que iNladrid recobra su habitual aspecto. Yo, como todos los años, jne abonaré al Real, á los lunes del Español, á los viernes de la Comedia, y tal vez á los jueves de la Princesa. La verdad es que ahora tiene una que estar pendiente del Almanaque para saber cuiindo toca divertirse. E s algo ridiculo, pero es la moda- -y así se llaman, dias de moda, -y no hay más remedio que seguirla. Sin embargo, aseguro que á veces me alegraría hacer algo que no estuviese de moda, ni nuieho menos. Me alegraría también pasar un invierno fnera de JVTadrid, no digo en San Sebastián, porque eso, perdóname, debe ser horrible en esa estación; pero sí en cualquier otra parte, en algún sitio raro; ya sabes que yo no dejo de ser una viuda bastante rara. E n fin, repito la enliorabuena, y te envío, en celebridad del fausto suceso, doble ra -ión de abrazos. Tuya siempre- -Mila. Afectos á tus padres. De María, Luisa i i Afila: San Sebastián 15 de Diciembre de 188 Mi siempre (luerida pero incorregible Mila: Sí, completamente incorregible, y te advierto que hoy te voy á reñir de veras. Vamos á cuentas para que te avergüences: en el mes de Octubre me escribiste seis cartas, yo, doce; en Noviembre tres tú, seis yo; y en lo que llevamos de Diciembre has recibido, con ésta, dos mías, y yo ninguna tuya. E s decir, que á mí me toca poner el doble, tanto en car- tas como en cariño, y en esto me quedo corta, porque, no lo dudes, te (luiero yo infinitamente más de lo que tú me quieres. Desde ue te conocí el verano pasado, viene suced ¡en lo lo mismo. Me fuiste simpática, me hablaste on amabilidad, eso sí, no puedo negarlo, y bastó ara ijue te considerase en seguida como una do mis mejores amigas. A los pocos días te confiaba todos mis secretos. Y no lo digo por ue esté arrepentida; lo digo porque me ajiena mucho el pensar que no me correspondes con la misma afección. Claro es que yo no puedo pretender que tengas mis niñadas: tú eres una señora muy grave, salles más qne yo festo sí que es verdad) ives en la corte; yo so -una niña provinciana por supuesto que, vamos á ver: lo de provinciana, l) iieno; pero tengo veintidós años y tú veinticuatro, ¡dos añazos de diferencia! De manera que si yo soy una nifia, tú tampoco eres muy mayor, qne digamos. Pero, en íin, no quiero reñirte más, y si te he dicho todo esto es jjorque hoy me encuentro muy triste y necesito como nunca los mimos de quienes m e qiiieran. Voy á quedarme sola en San Sebastián quizá cerca de u n mes; es decir, sola no: ¡qué tonterías digo, y cómo lo sentirían m a m á y papá, (ILie me quieren tanto, si las leyeran! Lo qne sucede es que se va Mariano, y nada menos que á Tánger. ¡Cvralquier día hubiera pensado yo que me iba á dar un disgusto el África! El caso es que se ha muerto en Tánger un tío tercero ó cuarto del padre de Mariano, y que éste no tiene más remedio que ir para arreglar unos asuntos de familia. Estará ausente el menor tiempo que pueda; pero figúrate nuestra contrariedad. Te aseguro que África jne es muy antipática. Para que no sea lacrimosa toda esta carta, te diré, muy en secreto, ¿eh? que los padres de Mariano han hablado con los míos, y que, aiin i uando nada hay oficial, pudiera ser que para la primavera próxima tuvieses qne ponerme en los sobres señora Y basta por hoy; á enmendarse, y te mando unos besos de más por lo mucho que te he reñido. -María Luisa.