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í p nM. v 7 CORfí OhtS FENÍgJ NOVELA DE D. LUIS DE TEBAN. ILUSTRACIONES DEL CERTAMEN LITERARIO DE nr. AN CO Y NEGR DE VÁRELA de De María Luisa Idiázqiiez á Mila Heredia Valdegrana: San Sebastián 5 de Octubre de 188 UEEiDisiMA Mila: A pesar de todas t a s promesas y de cuantas seguridades me diste, lo cierto es que han pasado quince dias desde t u m a r c h a y todavía no me has escrito ni una letra. ¿Te parece bonito? Pues mira, me da nmoha pena cuando pienso que pueda suceder lo que te dije t a n t a s veces. Te aseguro que si sucediera eso, si me llegases á olvidar, sufriría un desengaño muy triste y muy doloroso. Pero no quiero pensar en cosas tristes, y mucho menos hoy que tengo motivos p a r a estar muy alegre y considerarme muy feliz. Si hubiese recibido hoy tu deseada carta contándome muchas cosas y recordando la temporada que hemos pasado juntas, hubiera sido el día más completamente dichoso de mi vida. Por eso necesito que me escribas prontito, no te perdono si no, y me digas que tú también estás contentísima al saber que yo lo estoy. Pues es el caso ¿ves qué tontería? A pesar de lo mucho que te quiero, de la confianza que hay entre nosotras y de pensar que ya has adivinado lo que te voy á decir, me da no sé qué escribírtelo. Me parece que voy á ver tu sonrisilla burlona, la que acostumbrabas á poner cuando te contaba alguna de mis simplezas Xada, mis tonterías de siempre, mis niñadas de niña provinciana, como m e llamas txí en broma. ¿Te acuerdas de que la primera vez que m e lo llamaste m e puse m u y triste y estuve á plinto de echarme á lloi- ar? Pero perdóname, querida Mila, y a h o r a sí que te voy á decir, sin más preámbulos, lo que me pasa, y conste que eres tú la primera persona que lo sabe. Forfin se me declaró Mariano. Ya lo dije! Bien recordarás lo que t e reías cuando nos escuchabas hablar, como dos tontos, del tiempo, del mar, de que había mucha gente en la Concha, de que por la noche habría más en el Boulevard, y de otras cosas por el estilo; p a r a lo cual, como decías tú con la sonrisilla consabida, no se necesitaba que nos acompañase á todas partes y se pusiera siempre á mi lado, aunque, eso sí, jamás me hablaba en voz baja. Verdad es que no había p a r a qué. Pues bien, chica, ayer, cuando menos m e lo esperaba, va y se declara de un tirón, y no de mala manera, te lo aseguro; és decir, á m í me pareció que se expresaba perfectamente; pero quizá no sea yo voto, pues como para ti no h e tenido secretos, mala amiga, sabes muy bien que Mariano hacía mucho tiempo que no m e era indiferente. Yo no recuerdo lo que le contesté; pero, vamos, le dije que si del mejor modo que supe y con toda franqueza. jOlaro! ¡Como que lo estaba yo deseandol No te rías, que me enfado. Se me declaró en el teatro. Yo estaba en butacas con mis primasi las de Ibarzábal, y dio la casualidad (te aseguro que fué una casualidad) que á él le tocó estar á mi lado. ¿Y sabes cómo empezó? Pues á propósito de la obra que se representaba, en la que dos que se querían eran desgraciados por no decírselo. Entonces fué cuando iWariano m e ilijo de repente: Oye, María Luisa (ya sabes que nos hemos tuteado siempre por ser paisanos y tratarnos desde niños) de hoy no pasa ¿Pero no iba yo á escribirte todo lo que me dijo? Y ahora caigo además en que no te hablo de otra cosa en toda esta carta, que ya es bien larguita; pero te prometo contarte muchas cosas en mi próxima, que será en cuanto reciba la tuya. No dejes de escribirme en seguida, te lo ruego con el mayor cariíio, y recibe mil y mil besos (le tu. olvidada amiga- -María Luisa. De Mila Heredia de Valdegrana á María Jjuisa Idiázquez: Madrid de Octubre de 188 Queridísima y nunca olvidada María Luisa: Tienes mucha razón ÍLI quejarte de mi tardanza en escribirte, pero no en atribuirlo á inconstancias de mi cariñosa amistad para contigo. Sin embargo, tengo disoxilpa. E n t r e arreglar el desorden que se origina en toda casa de la que faltan los amos d u r a n t e más de tres meses, y recibir las ineludibles visitas de bienvenida de parientes y amigas íntimas, no h e tenido un momento libre desde C (ue llegué de esa. Además los días son siempre mucho m á s cortos en Madrid que en San Sebastián. Ya te convencerás de esto cuando me hagas la visita que me tienes ofrecida, porque supongo que tu nueva autoridad no se opondrá á ello, y perdona que sea