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LA NUEVA ESTACIÓN DE SEVILLA sí como al iniciarse los calores del Estío toda la vida cortesana afluye á la estación del Norte y por Í V A 6 sta línea se despuebla Madrid, en estos bonancibles tiempos de Primavera es la estación del Mediodía la actualidad y en sus andenes se reúnen lo m á s selecto y smart de la sociedad madrileña vistiendo el holgado traje de viaje. La expedición á Sevilla, bien en Semana Santa, bien en tiempos de feria, es ya una necesidad ó una costumb r e que hace ley para muchos y muy distinguidos madrileños. La Compañía de Madrid, Zaragoza y Alicante, y su inteligentísimo director Sr. Suss, la patrocinan y desarrollan estableciendo los cómodos trenes de lujo, en los cuales los viajeros disfrutan de todos los encantos del viaje sin ninguna de sus molestias. Al llegar este año á Sevilla, espérales la grata sorpresa de la nueva estación, magnífico edificio cuya fotografía encabeza estas líneas, y que tiene su historia larga y accidentada como todas las cosas b u e n a s que al fin se logran en nuestro país. E s t a estación, que se inauguró el 18 de Marzo próximo pasado, estaba proyectada por el Sr. Suss desde el año 1889, no habiéndose construido entonces porque el Estado tenía formal empeño de que se levantara una doble estación que sirviese á los ferrocarriles andaluces y á la línea sevillana de Madrid, Zaragoza y Alicante. Las modificaciones que fué preciso introducir cuando se abandonó tal propósito en el proyecto ya ultimado, dieron origen al retraso consiguiente, y aunque nunca es tarde si la dicha es buena, la soberbia estación, una de las mejores de España, que hoy admiran los viajeros cortesanos y los touristas ingleses que llegan á Sevilla, podía ya contar alguna fecha de existencia, realzando su belleza con la pátina del tiempo y el humo de las locomotoras. Se h a dicho equivocadamente que para construir este magnífico edificio la Compañía recibió el auxilio de una fuerte subvención, y aunque indudablemente esa entidad ferroviaria holgaríase muchísimo de que la aseveración fuese cierta, según nuestras noticias no ha podido aún recibir las enhorabuenas que le proporcionaría ese auxilio, ni por de contado ha recibido tampoco los caudales que fundamentaran las enhorabuenas. E s positivo que la Diputación Provincial de Sevilla le ofreció setecientas cincuenta mil pesetas por ser su hermosa estación utilizada también por el ferrocarril de Huelva; pero sin perjuicio de que ese ofrecimiento se cumpla, la compañía de Madrid, Zaragoza y Alicante ha tenido que sufragar todos los gastos de la construcción de tan magnífico edificio con sus propios recursos. La nueva estación ha costado, en cifra redonda, u n millón quinientas mil pesetas. H e aquí algunos detalles de la misma. Su nave central, que es hermosísima, tiene treinta metros de luz por ciento de longitud. Contiene cuatro vías interiores y dos laterales, para poder servir al mismo tiempo seis trenes. Una de sus felices innovaciones consiste en que el público entra por la fachada central en vez de hacerlo por las fachadas laterales, como se verifica en casi todas las estaciones ferroviarias, pudiendo dirigirse rápidamente al tren que busca sin necesidad de recorrer todo el perímetro del andén ó de cruzar vías. El estilo muzárabe de la nueva estación sevillana armoniza perfectamente con el carácter de varios de los monumentos de la hermosa ciudad del Guadalquivir, y es u n a nota artística y pintoresca m. ás en aquel soberbio conjunto de notas artísticas y pintorescas que se llama Sevilla. Gracias á la feliz iniciativa del director de la compañía Sr. Suss, y gracias también á su inteligente perseverancia, comenzóse y se ha concluido esta obra soberbia, que halagará los sentimientos de los sevillanos, á los cuales debe satisfacerles en extremo que los encantos de su ciudad natal tengan tan afortunado prólogo, como nos satisface y nos halaga á todos que los edificios públicos de nuestro país puedan ser citados sin desdoro por los españoles en su propia casa, y por los visitantes extranjeros aquende y allende la frontera.