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DE U CAUE BE SEVIEU 4 U PROPIA SEVIUA N un simón de los de tiro rápido, al que dimos el alto en la calle de Sevilla, llegamos á la estación del V Av Mediodía momentos antes de partir el tren, botijo, dos amigos entrañables. Mucho más difícil que lina combinación de gobernadores de provincia á gusto de los pretendientes, más comprometidos (jue un encasillado electoral, nos vimos para conseguir dos asientos en un modesto coche de tercera en aquel tren que conducía á la pintoresca Sevilla cerca de ochocientos expedicionarios aficionados al devaneo y al descanso dominical. Pero gracias á nuestras naturales simpatías y á la influencia de una jamona, que ar yernos todavía jóvenes y no mal parecidos suspiró lánguidamente, conseguimos nuestro propósito, y aunque con calzador, pudimos entrar entre la jamona de referencia y un señor grueso, vecino de abrigo, muy á propósito para un viaje de recreo. Sonó la campana, se desperezó la locomotora, y con la lentitud del que todavía tiene entumecidos sus miembros, comenzó á andar. Entre compañeros de viajóse establece en seguida una franca y espontanea cordialidad, y para distraer la monotonía del paisaje desmedrado y pobre que circunda á Madrid, algunos socios de buen humor templaron las guitarras y se arrancaron con un aire de tango. Nuestro vecino el gordo se sintió desde los primeros momentos atacado de la invasión flamenca, dándose con mucha soltura cuatro pataítas, con artísticos golpecitos en el sombrero ancho, especie de tapadera de aquella tinaja; pero en uno de los bruscos movimientos del tren, vino á dar con sus noventa kilos corridos sobre la instantánea de un joven que iba á Sevilla para sorprender á los sevillanos, estropeándole todo el objetivo y el objeto del viaje. Llegamos á Alcázar, y la jamona sentimental bajó á comprar media docena de tortas famosas, pero con tan mala fortuna, que el señor grueso al ir á sentarse las pilló de plano, y de las seis tortas hizo una: bonito y sorprendente juego de prestidigitaclón. Lejos de disgustar al señor gordo, le hizo mucha gracia la cosa; en tanto, la desconsolada jamona nos miraba como diciendo: Estos hombres gruesos son incapaces de una gaJanteríajJ Llegó la noche, y organizamos una partida de tute, sirviéndonos de mesa la maleta de un señor muy amable, de los que facilitan de todo en los viajes. La jamona propuso que jugáramos á Viva mi amor, que yafloreció, que era más bonito, pero la hicieron comprender que eso ya hacía mucho tiempo que había florecido, y se resignó á la partida de tute. El hombre gordo, á los tres juegos se dio por vencido á un sueño formidable, y se cayó dormido sobre el señor de la maleta, que al verse sobre sí aquel derribo, se levantó justamente alarmado. La jamona lamentaba las caras que llevábamos de la noche pasada en vela, y de cuando