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-Se lo diré bajito Madama, ¿pa qué se tapa usté la cara con u n mosquitero? ¿pa que no le crezcan más las pestañas? -Hombre, no seas bruto; si eso es u n veliyo que se pone por mó del aire- -Entonse le vi yo á pone veliyo á u n jarmín que- tengo en mi casa. ¡Güeno va! Hoy está la m a ñ a n a que se da un tiro er que no armuerse. ¿Por qué, tú? -Porque estas cosas abren el apetito que es un asombro. ¡Mira qué niñera! ¡Sopla! -Eso hago yo, sopla. Oiga usté, arma mía; si mi niñera hubiera sío como usté, me que o en la lartansia. -Gaya, que se h a mosqueao er papá e la niña. -A propósito de niñas, tú. Repara. -La de la trensa suerta, ¿eh? -La misma. Ghiquiya, cuídate. l i a r m e á mí caso, cuídate. -Escucha: ¿hasia dónde caerá tu casa dentro e si rico años? -Paese mentira que con tan poca edá le hayan ero sío tanto los ojos. -Es que los ojos nasieron dos meses antes que eya; no tiene más remedio. -Pos miá qué cuerpo viene ahí. -Elante de ésta me descubro. ¡Y que no sabe recogerse la farda! ¿Con qué la yeva sujeta, con un broche e briyantes? -Hombre, no; si es la mano- -Óigame usté, prinsesa; miste qne si usté fuera una parmera de la Plasa Nueva y yo otra- ¿Qué ocurría? -Que iba á tené que dormirse er guarda. IH El talle, el cabello, la boca, la mano, el pie todo ofrece u n motivo para el elogio, u n detalle que enamore, un rasgo que seduzca y haga surgir en la imaginación, espontáneo y sencillo, el galante piropo. Pero donde hallan siempre los sevillanos el más po deroso incentivo de su fantasía, el manantial más abundante y seguro de sus chicoleos, es c n l o s ojos de sus paisanas, hermosos hasta cuando el sueño los cierra. Bien os verdad que estas mujeres, que son bonitas desde el moño hasta el pie, m á s aún, que hasta los alrededores los tienen bonitos (las diez ó doce feas que hay hacen el milagro de n o parecerlo) en los ojos es donde llevan encanto irresistible. y esto que ocurre á las sevillanas con sus ojos, le sucede con Sevilla á España, Porque n o hay que darle vueltas: si E s p a ñ a es una mujer hermosa, sus ojos son Sevilla. S. y T. ALVAREZ QUINTERO DUiUJOS DE HUERTAS