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II Si los días anteriores los más tímidos y menos levantiscos habían tolerado que las rondas de alguaciles ai mando de alcaldes de corte les metiesen violentamente en los portales para recortarles las capas y apuntarles los sombreros ya el sábado se habían promovido alborotos- entre ellos uno iniciado por un lacayo del marqués de Cogolludo acuchillando á ui. os ministriles- que obligaron á la justicia á pedir auxilio á las tropas De este servicio se encargó á los Inválidos, los cuales, si comenzaron á dar ayuda á los alcaldes con gran tolerancia, acabaron por verse exasperados por las provocaciones de los majos, que no parecían ya sino buscar el pretexto que diera comienzo á la asonada. J. ts hlf 1 í encontrarse. A cosa de las cinco de la tarde del ya referido domingo 23 de M a r o u u homb r e con el sombrero gacho exageradamente echado á los ojos y subido el embozo de ll capa, que era de las que a los carcañales llegaban, has a las mismas cejas, con tal insolencia dio en pasar y repasar por u n cuarteHüo que en la Plaza de Antón Martin tenía el Cuerpo de Inválidos, que el oficial de la guardia de prevenciónT u b o de A T l n i preguntándole por qué no recortaba la capa y se apunlaba e l s o nbrero V e n S s l C T e r o r d p gana contestado p o r el bravonel, siguióse el poner mano á las espadas el oficial y el paisano pero antes de que tuvieran tiempo de usarlas, u n silbido dado p o r alguien que á la desecha debía hacer espaldas al majo, concitó como p o r ensalmo tal golp ¿d e gente en la plazuel? q u e e r m l l t a r tratando de evitar efusión de sangre, mandó retirar sus fuerzas. f H OL, ir, iratanao ae Con tan fácil victoria, ensoberbecidos los amotinados, echaron en tropel por la calle de Atocha á los gritos le ¡nva España! ¡nva el rey I ¡Muera Esquüachel y sin otras paradas que las que hacían para desapuntar os tX tnZf. Tl í del balido encontraban al paso, se reunieron como cosa convenida con o? o Í, lo w. N P o idéntica actitud desembocaba de la calle de Toledo De tros mil almas asegúrase que pasaban los tumultuados al llegar delante de Palacio, donde encontrando al oue TMi v 1i. iT Íi P. y f T populares, le obligaron á bajar de su coche para de los m ni tlÍ J f cámara y presentara al rey el memorial, que ya llevaban redactado, pidiendo la destitución de los mmistros extranjeros, la baja del pan y la anulación del bando de capas y sombreros dí r! Í, í: ro Í T í ua que sin calmarse los ánimos, mientras una parte de los revoltosos parecía rhfr pfpl P l í Infantas, conocida aún hov por la de las Siete tñ tf t. VT T T no encontraran al dueño de la morada, que por suerte habíapaceniV. s t n t n n, fean Fernando, saciaron sus iras en muebles, joyas y tapicerías, que redujeron á cemzas, no sm que el querer resistir la invasión costara la vida á un mozo de la caballeriza del Marqués ST t! t r j íff f siguiente, en cuya mañana, como quisieran las turbas entrar tumultuariamente en) a 1 laza de Palacio, la guardia walona, al hacer unos disparos al aire, tuvo la desgracia de causar la muerte a una mujer y de herir a otra. Esto bastó para que los más arriscados se lanzaran, navaja en mano, sobre el soldado supuesto autor del sangriento lance, y tras de apuñalarle bárbaramente, arrastraron el mutilado cadáver por las calles más céntricas. Otra colisión todavía de más funestos resultados, acaecía de allí á poco en la Plaza Mavor, donde los soldados tetendiéndose á tiros y los paisanos á pedradas, dejaron en el campo unos y otros vari ¿s muertos, sinquebas-