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v i KNAS suena el clarín y redoblan los timbales, parten hacia la cuadra, á la carrera, aq lellos dos escuálidos Jamelgos que minutos antes no daban un paso, por más espolazos y tirones de la rienda que les aplicaban, puestos de acuerdo, los piqueros y los monos E n cambio el otro varilarguero, como solemos escribir los críticos cuando presumimos de técnicos echa pie á tierra, abandonando el caballo, que á poco se desploma Sf moribundo, y colocándose el palo sobre el hombro derecho y aguando el pesado castoreño- con la izquierda, avanza solemne y majestuoso hasta el callejón, devolviendo saludos á los inteligentes qtie le tocan las palmas porque el hombre ha estadci bueno apuntando á las agujas y dejándose caer sobre la vara hasta quitarse de delante al toro. Unos caballeros que ocupan asientos de barrera increpan á l o s monos ue tratan de resucitar á estacazos á un caballo. La gente de bronce, dura de entrañas, sin parar la atención en taquellas sensiblerías se revuelve contra el concejal presidente y le increpa, le insulta y le atormenta con un estribillo ofensivo, que á poco repi te á coro la Plaza entera, y que da ocasión á que el maestro Perreras, que s perece por defender el principio la de autoridad a u n q u e esté encarnado en u n triste edil, tire de Balance por I noche y nos ponga á todos de ropa de Pascua; y un aficionado de los antiguos, al observar la bestial faena de los despenadores de jacos que i no aciertan á despacharlos y los acribillan á cachetazos, recuerda melancólicamente estos versos del pobre Eduardo de Palacio: Los de la puntilla, si en la Plaza d 4 Toros no hay monte levantan los muBrtos? ¿por qué, caballeros. Mi vecino en la delantera del 2, un señor gordo y de fisonomía simpática y risueña mientras no haya un diestro en suerte, porque entonces pone cara de J u d a s de teatro de tercera clase, se vuelve hacia mi insigniticante persona y exclama iracundo: -I Apunte usted, hombre, apxtnte usted, y no salga m a ñ a n a por peteneras político- literariasl Ni ustedes son revisteros, n i saben lo que se pescan, ni entienden una palabra del arte, ni han aprendido todavía cuántos cuernos tienen los toros. ¿Cuántos tienen? Contente usted, cristiano I Uste 1 X 7 des se defienden- -como decía Santa Coloma, que fué en sus tiempos el amo de la afición -por ia l i t e r a t u r a ¿pero de c i e n c i a? magras con tomate! ¡N- N! iN- N! ¡Eso es no llamarse nada; eso es no querer ser nadie; eso es poner Sí? ívyí por firma dos letras, como se suelen fijar en las maletas de viaje; eso es faltar á la reunión, y mañana mismo escribo á Oitega Munilla, que también fué revistero de muchacho, y t o n alias y todo, como las personas de valía, diciéndole que me borro de suscripto! de El Imparcial en cuanto no elijan otro crítico taurino que dé la cara y se llame algo ¡ÑTNI Pero, hombre, ¿cómo le voy á dirigir OITANDO AL UIEBKO