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Dentro del primer tercio de la lidia cae la suerte de capa; pero de la misma no quiero ocuparme con extensión, porque apenas queda de ella más que el recuerdo. Un leve recuerdo. La verónica y la navarra, que tanto juego dieron en pasadas edades, están casi relegadas al olvido, y hoy reina, impera y manda su majestad EL EECOBTE, guillotina dc los toros de poder, alivio de toreros que cobtíán y no trabajan. Capita, el tuerto üwpita, maestro de Cayetano Sanz, Muñiz y Regatero, practicó, dicen que como recortes, puesto que el público lo tolera y los ganaderos lo consienten. ¿No les parece á ustedes que demostrado queda lo que yo afirmaba, con pasmo de muchos, al empezar á escribir estos renglones? ¡La suerte de varas es para el toro y para los ganaderos la suerte suprema! El que no esté conforme, que alce el dedo. Increpaba Lagartijo á un picador tumbón, que no quería ni ver al toro, porque éste era duro y de poder: nadie, la lucida suerte de la verónica. Cayetano heredó del maestro la elegancia en el manejo del capote, y Ángel Pastor, más tarde, recordó con sus magistrales lances á aquellos dos colosos de la verónica y la navarra. Hoy el recorte es el único recurso que emplean los diestros, chicos y grandes, para sacar al cornúpeto de la suerte de varas. ¿Largas? Ni verlas. Han desaparecido también. Recorte, que quebranta facultades y convierte á los toros en animales in. ofensivos. Los toreros hacen bien en abusar de los -Vamo, hombre, ¿es que va á picar tu agüela ó tú? El pobre hombre hacía que espoleaba al jamelgo, y no adelantaba un paso. El bicho, al salir de un capo t e quedóse entablerado. -Anda tú, mala sombra- -gritó Lagartijo; -métete ahí y aprieta. El picador, con la cara desencajada, volvióse á Eafael, y le dijo con voz temblona: -Pero oiga ozté, maestro. ¿Ozté ze cree que yo estoy de más en mi casa, DON MODESTO FOT. HAÜSEE Y ÍIEKET