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x I c- V r -CS? A I -z y 1. 1, TOROS y CABESTROS APARTADO Y ENCIERRO A operación de separar los toros que han de constituir una corrida, del resto del ga nado con que vivieron en la dehesa, ofrece serias dificultades y no pocos peligros, pues siendo indispensable acosarlos para hacerlos abandonar la compañía de los otros, excítase con esto su bravura, olvidada generalmente cuando se les permite vivir en paz, gozando de los tranquilos placeres que proporciona u n prado a b u n d a n t e en pastos frescos y en agua cristalina. No obstante, rara vez se ven precisados los vaqueros y garrochistas á recurrir á medios extremos, porque los toros, acostumbrados á tenerlos cerca, se familiarizan con ellos hasta tal punto, que suelen obedecer su voz, y lo más frecuente es que baste u n grito para lograr que el toro designado se aparte de sus compañeros y siga el camino que se le marca. A este efecto de sumisión ha contribuido poderosamente el uso prudente de la honda y del palo, armas terribles que los vaqueros manejan con tanta perfección y habilidad, que no suele marrarles un solo golpe. Saben los toros que á u n par de intimaciones desatendidas sigue inmediatamente una razón de garrota ó de piedra sobre los cuernos, y procuran evitar disgustos no haciéndose repetir la orden. Para apartar, pues, la corrida, mótense los jinetes por entre la piara dispersa y van sacando toro á toro y conduciéndole al sitio en que se encuentran los cabestros. Algunos, después de h a b e r salido dócilmente, tratan de volver con los que dejaron, y suelen conseguirlo, burlando la vigilancia de los rnansos; pero si éstos lo notan, corren en su busca, y casi siempre logran reducirlo á fuerza de rodeos que marean al toro. Los garrochistas acuden á sacarlo de nuevo si á pesar de la maestría que los mansos despliegan logra escaparse, y es cosa de ver cómo les vigilan los bueyes, arropándolos, según el término corriente, para que no puedan reincidir. Cada manso tiene su puesto para la conducción, y en él se coloca así que, separada la corrida, encuéntranse todos en disposición de marchar. E s este momento el mismo en que el garrochista que va delante salta sobre la silla y suelta las riendas. Los cabestros de estribo A P A R T A N D O UNA C O R R I D A