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I XvJL C S J L IvIOXDKílKrJL DECORACIÓN DE BOUDOIR y i í f L esfuerzo de los artistas que consagran su inteligencia á la construcción de muebles y á la decoración 1 5 ll de habitaciones, va respondiendo en nuestra época á la idea que siempre persiguió y que, como en todas las demás artes, no fué otra que reflejar las costumbres y los gustos del tiempo á que pertenecieron. Que el afán de originalidad extravíe algunas veces el gusto, no es obstáculo para que el arte siga su marcha progresiva, ni razón para que seriamente pueda negarse la conveniencia de que, en esto como en todo, se modifiquen las tendencias con arreglo á las necesidades ó simplemente á las modas. En la Exposición de 1900 ha podido observarse el afán con que los constructores de muebles procuraban ofrecer en sus obras un estilo propio de la época, y aunque no todos los intentos han sido afortunados, ni han sido muy numerosas las que por su perfección merecieran un éxito definitivo, es indudable que algunas reúnen condiciones de mérito y belleza que las hacen acreedoras á la consideración general. Entre éstas se encuentra el elegante modelo de boudoir que constituía una de las instalaciones más notables de las muchas que en la Exposición figuraban, y que juntamente con las de las distintas habitaciones, podía servir de modelo para el decorado, de una casa moderna de excelente gusto. El conjunto y los detalles de esta habitaeión; el dibujo y adorno de los muebles que la decoran, de las telas que cubren los muros; las combinaciones de colores, todo, en fin, armoniza en ella perfectamente y produce un magnífico efecto, en que la sencillez y la delicadeza son las notas verdaderamente dominantes. La suavidad de los colores presta al conjunto una alegría de exquisito gusto, y la ligereza elegante y graciosa de los muebles, adornados con pinturas claras y metal mate, contribuye poderosamente al efecto. Indudablemente, á la vista de esta preciosa habitación se descubre el propósito que ha guiado al artista de reflejar en toda ella el modo de ser y de vivir de nuestro tiempo, y hay que convenir en que la obra es digna de aplauso, puesto que realiza este propósito sin perjuicio de la belleza, que como primera condición debe perseguirse en toda obra de arte.