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TELA CORTADA NDUDABLEMENTE Moret ha accptado la cartera de Gobernación en estos tiempos de desquiciamiento político en que cada hombre es un partido (y no para las mujeres) como una especie de expiación de las culpas que haya podido cometer durante su vida pública más por flaqueza humana que por falta de fe en los ideales y de fervor democrático. Cien veces peca diariamente el justo, según el Evangelio; si llega á ser político, Dios sabe las que hubiese pecadol aunque entonces no hubiera sido justo. Moret, inspirándose en el ejemplo de los grandes penitentes de la Iglesia, ha escogido el más doloroso de los sacrificios: el sacrificio de sus gustos, de sus aptitudes, de sus costumbres, de cuanto constituyó durante sesenta años su carácter y su personalidad, buscando la manera por la cual (muletilla suya) puede llegar á serle odioso lo que más le ha preocupado en el mundo: su popularidad y su influencia. Es decir, que Moret trata de aborrecerse á sí mismo, que es la más pura encamación del arrepentimiento. Lo que hay es que un hombre de su talla, amante de los procedimientos nuevos, no podía presentarse á principio del siglo XX como un eautontimorúmeno vulgar, vaciado en los clásicos moldes de los albores del Cristianismo. Se ha inspirado en la idea, pero nada más; su penitencia, prólogo de su martirio, será, por ser nueva, lo mismo que la de los ascetas, anacoretas y demás etas consagrados, sólo que al revés, como decía el quinto. Estos procuraban torturar sus más arraigados deseos; el que vivió entregado á la gula, se daba á la abstinencia; el que pecó de orgullo, practicaba la humildad; el que fué esclavo de las mujeres, no se lavaba por no descubrir la impudicia de su propia carne; el que presumió de hermoso, se desfiguraba el rostro; quien gozó de riquezas, ejercía la mendicidad; y así respectivamente. Móret, ál contrario, no sacrificará su encantadora elocuencia, que tantos triunfos le ha valido y tantos aplausos, condenándola á perpetuo mutismo; no atenaceará su prodigiosa imaginación privándola del tropo y de la metáfora; no someterá su mano, tan ágil para la escritura, á perpetua inercia: no desalojará de su feliz memoria todos los recuerdos, ni siquiera atenderá al sacrificio de sus efímeros encantos plásticos, al talado de su barba bizarra, al descuido de su indumentaria correcta. No. Extremará cada uno de esos privilegiados atractivos con los cuales pecó, pues también pecó con la barba por dejar que se le subieran á ella, y con su corrección haciendo infinidad de víctimas de la confianza que inspira su simpático porte; las extremará hasta el punto de que todos esos privilegios le resulten deficientes, y esta deficiencia sea la causa de su tortura. Para eso ha escogido el Ministerio de la Gobernación, para tener que hablar en un día con los infinitos candidatos á Cortes más que ha hablado en toda su vida parlamentaria, y encontrarse con que le faltan la saliva y el aliento; para tener que inventar cien mil historias al minuto con objeto de contentar á todos, y encontrarse con que no da tanto de sí su imaginación; para obligarse á recordar- tantos nombres y tantas recomendaciones, y ver que es incapaz- de hacerlo su memoria; para tener que contestar sesenta mil cartas diarias, y resultarle impotente su mano y las de los ocho taquígrafos que le ayudan; para convencerse de que no es tan fácil estar al cabo de todos los hilos del telégrafo y del teléfono como de los de una conjuración, y más si ha habido tormenta; para cerciorarse, en fin, de que un hombre que se desayuna en Stokolmo, almuerza en Munich, merienda en París, come en Madrid y cena en Sevilla, sucumbe en el recorrido de los colegios electorales. I Qué horribles sufrimientos los de Moret al ver que todas sus aptitudes resultan deficientes, que hasta le falta barba para tirarse de ella y se le aja la levita inglesa por tener que descansar en el sucio diván del Ministerio I No se puede pedir mayor expiación. T luego- -como diría Salvador Paníoja, -una vez purificada su personalidad política en el Jordán de tan severa penitencia, vendrá, como mensajero de la divina gracia de la opinión pública, e r martirio. ¡El martirio! ¡Oh qué fin más sublime! ¡qué alegría! Será martirizado por todos los candidatos derrotados, que arrojarán contra él los dardos inflainados de su encono, mil veces más agudos y mortíferos que las flechas lanzadas por los paganos contra San Sebastián. Era la única manifestación que le faltaba á Moret; él que lo ha sido todo, también será mártir. Figurará en el último sitio que le quedaba por figurar; En el almanaque.