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N T E E las figuras más s a l i e n t e s de la actual si tuación política se destacan con extraordinario relieve las de D. Alberto Aguilera, a l c a l d e presid e n t e del Ayuntamiento de Madrid; D. Antonio Barroso, gobernador civil de esta provincia, y don J u a n Montilla, fiscal del Tribunal Supremo de Justicia. D. A l b e r t o Aguilera, que t a n t a y tan merecida popularidad alcanza, llega al Ayuntamiento con el propósito de transformar Madrid (y b u e n a falta le hace á la coronada villa) Si algún alcalde ha de realizar tan magna empresa, nadie como el señor Aguilera, h o m b r e de claro talento, firme voluntad, significado por su cariño hacia la clase obrera y por los caritativos y geDON JUAN nerosos móviles que inspiran siempre su conducta, simpático á todos y emprendedor sin desfallecimientos. Preparémonos, pues, á ver cómo se convierte Madrid en una capital digna de Europa, y en el mejor de sus futuros monumentos labraremos una estatua sedente del Sr. Alcalde; sedente para que el Sr. Aguilera descanse sobre sus laureles, y además para que los madrileños puedan contemplarla á su sabor. También I) Antonio Barroso se propone iniciar grandes reformas desde el difícil puesto que desempeña, y su gestión en pro de la moral pública puede ser felicísima, porque el actual gobernador de Madrid reúne para ello condiciones de inteligencia y de ca- rácter, bien demostradas cuando tuvo á su cargo la Dirección General de Comunicaciones. Si, como esperamos, logra realizar sus moralizadores propósitos y concluye con la gente de la hampa y con sus patrocinadores, Madrid le dedicará otra est a t u a sedente, también por las mismas razones que aconsejan sea de esa clase la del Sr. Aguilera. D. J u a n Montilla, indicado para los m á s altos puestos del Gobierno y con méritos más que suficientes p a r a desempeñarlos, aceptó por deberes de disciplina y en obsequio á su partido, el importante cargo de fiscal del Supremo, que proporcionará al joven y elocuente diputado demócrata nueva ocasión de demostrar sus extraordinarias facultades de inteligencia, recMOX TILLA titud y amor á la justicia. Mucho bueno puede hacer y mucho bueno h a r á el Sr. Montilla desde ese elevado puesto, habiendo empezado por demostrar con su aceptación que no siente impaciencias ni r e h u y e los sacrificios ciue impone el pertenecer á un partido político; pero creemos que no ha de transcurrir largo tiempo sin que el elocuente diputado pierda en categoría, aunque gane en posición política; es decir, que abandone la jefatura del Ministerio Fiscal que hoy desempeña, y entre sencillamente en u n ministerio. Mucho celebraremos que esto suceda, no por afecto hacia nuestro amigo, sino por tributo á la justicia. FOTOaRAFÍA DE COMPASÍ