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v l X fl M 7 Avalúo TELA CORTADA I POLÍTICA DE FALDONES á V á) UANDo mas atareado estaba D. Práxedes con el nombramiento del personal para los altos cargos, publicó el Heraldo una anécdota, la primera de la nueva serie del presidente del Consejo, quien siempre que sube al Poder trae chascarrillos nuevos. -D. Práxedes- -le dijo, según el Heraldo, uno de sus contertulios. -el tren de Andalucía ha llegado repleto de gente. ¡Dios me salga! -contestó D. Práxedes. -Todos ellos menen sobre mi Indudablemente fué el viejo pastor injusto con los viajeros del Mediodía, pues entre ellos vendrían de seguro algunos contribuyentes, que al leer la anécdota habrán exclamado: Él sí que viene sobre nosotros... Hay que conocerle para comprender el verdadero sentido de sus palabras, porque D. Práxedes no dice nada á humo de pajas. De todos modos, la frase de Sagasta no deja de tener su sentido filosófico, porque demuestra que aquí los altos cargos no se escalan (salvo honrosas excepciones; estas salvedades son muy de D. Práxedes) por méritos propios, sino viniendo sobre alguien; es decir, que en España impera la politica de faldones. -Hai que agarrarse á los faldones de algún personafe, -decimos los españoles con la misma tranquilidad de conciencia que en otros países se exclama; Hay que trabajar, hay que luchar por la elda. El que á buen áAol se arrima, buena sombra le cobija, dice un refrán castellano. Fortuna te dé Dios, hijo, que el saber poco te vale, dice otro refrán. Quien tiene padrinos se bauti: -a, dice otro. Esta pluralidad de consejos enderezados á un mismo fin, demuestra la importancia de que el favoritismo goza entre nosotros. No hay sino fijarse en los agraciados con las primicias del Presupuesto; son muy pocos los que no llevan impresa la marea de fábrica, el rnarcham, o político. Ese es de Vega de Armijo, ese de Canalejas, ese de Moret, ese de Tal, ese de Cuál, se dice, como en el mercado se clasifican las especies: esos albaricoques son de Toledo; ese paño, de Tarrasa; ese queso, deReinosa; esos pucheros, de Alcorcen, etc. ¡Qué pocos hay que seara ¿e si mi. s- mo. s En política, el que es de sí mismo no es de nadie, ó por mejor decir, nadie es de él. Está prohibido ensimismarse. El que se ensimisma se muere, y en política no hay más que DIDOS. 1 rví Guando alguno está dando las boqueadas, se le retira modestamente por el foro y se le hacen funerales, ó no se le hacen como á Silvela, á quien llegaron á fallarle hasta los refranes, pues el refrán dice: Comida hecha, compañía deshecha, y á don Francisco se le deshizo la compañía antes de celebrarse el banquete. Es decir, que ni siquiera tuvo el consuelo de comer por última vez como jeíe de partido con los que comió por voz primera como tal, cuando fundara éste; y es una lástima, pues así podría calificarse su política regeneradora de nada entre comidas. El. jefe de la U. C. perdió los faldones de la casaca en la lucha, y un prohombre sin faldones es un ser inútil en la política, porque no hay donde agarrarse. Ya puede D. Germán cuidar de los suyos. En cambio D. Práxedes los tiene muy cumplidos y bien asegurados no hay sino fij arse en el peso que actualmente C sostienen. Sólo el del gobernador y el del alcalde de Madrid bastan para acreditar al sastre. iVaya unos faldones los de don Práxedes! El que no se ha agarrado á ellos porque no lo ha creído necesario, se ha quedado en tierra; pues quedarse en tierra es no conseguir el. puesto que merecen, mientras los demás escalaban el Poder Así es la política española. Cuestión de faldones. El. S. STRE DEL CAMPILLO