Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
POBRE CIGARRA! NDUDABiiBMEííTE, la c i e n c i a médica acabará con la poesía. L a teoría moderna microbiológica, cada momento m á s avanzada, va destruyendo la labor del poeta. H a s t a nuestros días, la cigarra, ese insecto barítono que puebla los campos, q u e acompaña con su monótono canto al crepúseulo estival, adoración de los atenienses, debilidad, de los romanos y caprichoso modelo de imperdible para; el arte de la joyería, mereció de los antiguos p o e t a s y fabulistas el alto honor de ser rimada, siendo tan necesaria ón la poesía bucólica como el zagal y la pastora; pero ¡oh terrible desengaño! desde hoy, la que fué ensalzada en diversidad de metros, la que sirvió á los vates de admirable musa campestre, será mirada por todo el mundo con repugnancia, con miedo. E n la Academia de Ciencias Médicas de París se ha presentado u n a Memoria en la que se demuestra que la cigari- a es un animal nocivo para la salud púbhca, porque de las alas del lírico insecto brotan en cada nota u n enjambre de microbios. Triste, dolorosa noticia que muy bien puede inspirar á Puccini un canto tan expresivo y tierno como el de VeccMa Zímarra de Bohemia, y que también pudiese empezar VeccAííi! cí Ta; Hasta el presente momento histórico, nada se sabe de la familia á la cual pertenece el microbio de la cigarra, ignorándose el nombre, señas particulares, y profesión de tan antipático é inoportuno microbio; y digo profesión, porque, efectivamente, los hay teatrales, que viven y germinan en los escenarios; intelectuales, que se desarrollan eñ los viejos infolios de las bibliotecas; militares, que amenazan la existencia del soldado en los cuarteles. Hoy, ya se sabe, la vida es un piiro microbio; hasta en las casSs de huéspedes hay microbios que viven sin pagar el menor pupilaje! É n el mismo tranvía está prohibido el escupir, para evitar el microbio del trayecto, llamémosle de este modo provisionalmente. Por cierto que el otro día presencié u n a cuestión entre uno de los viajeros y el cobrador, porque aquél, n o queriendo infringir las disposiciones gubernativas, mandó parar, bajó, escupió en la, acera, subiendo nuevamente al tranvía, muy satisfecho el hombre de haber: cumplido con su deber. ¡Pobre cigarra! ¡Ya no será tu canto vibrajite, entero como en otros días más felices y dichosos en que escondida en el surco entonabas, sin cuidarte de microbios, la mejor de tus canciones: La caída de la tarde! Porque seguramente la hormiga, que ya la habló e n tiempos de nuestros buenos fabulistas, será la primera en darla tan desagradable noticia. Y los demás insectos huirán de ella como de la peste, hasta que la Academia d e Ciencias d e París nos avise nuevamente que debemos huir del grillo, ó por lo menos no ponerle hojas de lechuga en la jaulita, porque estamos expuestos á que nos invada iin terrible microbio, aunque se t r a t e d e u n a grilla. Nosotros también podemos aportar á la Academia de París un poderoso descubrimiento: el microbio de la crisis, p u r a m e n t e español, qiie aunque produce ihás estragos que ninguno de sus tocayos y compañeros, nadie se h a preocupado todavía de estudiarlo seriamente. También podemos enviarla el microbio de la influencia, el electoral y el de la yernocracia, todos ellos mucho más temibles que el de la indefensa cigarra hoy p u e s t a e n entredicho. LUIS G A B A L D O I Í DinUJO DE REGTDOK