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IvIOIDJLS TRAJE DE E N C A J E CEEMA, CON A D O E X O DE T E E C I O P E L O 5 ÍEGE 0 Este traje, que lo mismo sirve para comida de cierta etiqueta que para teatro de alguna categoría, es de encaje más bien crema que blanco; encaje que hallaréis, lectoras queridas, en las b u e n a s tiendas donde estos artículos se venden ¡por supuesto! pues basta decir: Quiero encaje que sirva de falda para obtener la falda misma, siendo tan bonito cuanto os enseñen, que en ello únicamente estribará la dificultad: en l embarrás du choix Dificultad que suele convertirse en serio contratiempo para las que son felices; pero esto, en cambio, tratan dose (claro está) de lo que se trata, haría la dicha de muchas enteradas de lo que son privaciones. El viso debe ser francamente blanco; es de un efecto tan precioso como delicado lo crema sobre lo blanco. L a cola no es exagerada, pero es cola. El corpino, algo ablusado, concluye en pieligado cinturón de gro blanco; y detrás, cuando termina el cinturón, empiezan las caídas, hechas f: con cinta de terciopelo negro, cinta no muy ancha, siendo más estrecha la que guarnece el final de la manga, más bien corta, como ven ustedes. E n el cuello, galón de oro, preciosamente borda do con sedas de colores. Ese abanico vernis Martín, con todo el varillaje descubierto, es último grito T E A J E DE PAXO GRIS J ift TRAJE DE ENCAJE CREMA El color gris tiene muchas partidarias, no entre las gruesas, pero sí entre las que son más bien delgadas. Es u n color elegante, y rara es la mujer ultrachic que no se hace en toda estación un traje gris. Este color era el que prefería Diana de P o i t i e r s pues cuando las modas de aquel t i e m p o impusieron los tonos severos ella contestó que s e m e j a n t e usanza secundaba á maravilla S T predilección por el L color gris, que prefirió al blanco, al negro, al morado, al lila, á todos. Del llamado paño de damas color gris es el traje en que ahora me fijo, y que voy á describir. Esa hechura de cuerpo, que parece bolero pero que no lo es; esos pliegvies que figuran galones de otra tela, pero que son pliegues del mismo tejido; ese oue lio doblado, que deja v e r TKA otro cuello y un camisolín de encaje; esa única y caída solapita forrada de seda blanca y cubierta de giiipur; ese doblez de todo el traje, por delante, desde la cintura al final; esos fáciles pliegues formados por el propio paño, que en mi humilde parecer constituyen el más bello adorno, y, en fi. n, esos siete pliegues en mitad de la falda, hacen del traje una toilette elegante, cómoda y bonita. De la cadena de oro pende una bolsita de malla, de oro también. H a b r á n ustedes observado en todas estas figuras que aun cuando lleven peinado distinto, la forma de