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los oradores. Cicerón no le hubiese hecho volver la cabeza con su más elocuente apostrofe, y al paso menudito de una mujer volvía no la cabeza, sino el alma. ¡Las conocía tanto, que hasta por la manera de pisar adivinaba á cuántos hombres habían engañado! Era, en fin, un gran estudiante de amor que adoraba sus textos: Dios, de quien todo el amor procede, y el hombre y la mujer, que se reparten las migajas que caen de las augustas manos de Aquél, y unas veces las gustan con delicia, otras las mascan á regañadientes, y otras las tiran, olvidando que son pan bendito. Y como Campoamor sabía tanto de Dios, de ¡os hombres y de las mujeres, ¡era tan bueno! tan bueno como el confesor cuando échala absolución sin apurar demasiado los mandamientos. Si ahora que está allá arriba, San Pedro se distrajera y olvidase la llave, se llenaba el cielo. Todo el que haya amado, redimido. ¡Qué gozo para nuestro gran poeta llegar ante el trono del Señor seguido de una inmensa falange de pecadores y pecadoras con el Kempis en la mano! ¿Vería él tan hermoso desfile en estas sus últimas noches de existencia, cuando en la soledad de su despacho, insomne por la costumbre de trabajar de noche y por la ancianidad, para la cual hasta el sueño es esquivo, permanecía horas y horas silencioso con su gran espíritu frente al gran misterio de la muerte? Yo creo que sí. Ni aun en esas CAMPOAMOR EN SUS tíüTIMOS A S O S temerosas noches le habrá asustado la eternidad; sabía qué es fuego y amor, y á él sólo le espantaba el frío: el frío de las almas, el frío de las cosas. Los Me dijo señalando á un cementerio: que duermen allí no tienen frío! Esto escribió en su hermoso poema El tren expreso. ¡TSfo podía asustarle la muerte! Descanse en paz en los brazos de Dios quien tanto le adoraba y se complacía en sus criaturas. Hemos perdido el gran poeta de las almas, pero le amaremos siempre. ¡Cuántas veces vendrá uno de sus versos á nuestros labios! Cuántos besos recibirá su espíritu mientras haya quien sufra, quien ame, quien espere! JOSÉ DE EOURE EL TESTAMENTO DE CAMPOAMOR La familia del insigne poeta nos ha proporcionado para su publicación estas dos cláusulas del testamento de aquél, que dan idea de la grandeza de su alma. Nada diremos de ellas; basta su publicación: CLÁUSULAS DEL TESTAMENTO DE DON RAMÓN DE CAMPOAMOR OTORGADO EN MATAMOROS EN 1892 Es SU voluntad renunciar, como renuncia, para después de su muerte, la propiedad de sus obras literarias, las cuales podrán ser reimpresas libremente después de su fallecimiento. Encarga especialmente á su heredero que, mientras quede memoria de su paso por la tierra, mande hacer algunos sufragios por su alma, por la de sus padres y para rñayor gloria de su santa mujer. I QUIEN SUPIERA ESOEIBIRl CUADRO DE D. EMILIO SALA, INSPIRADO EN LA CÉLEBRE DOLORA