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-U 3 i. fc 5. t: v X OFK ü K YKOJL (PÁGINAS SUELTAS) Del luünildc Mmizaiiares en las alesíres riberas hay lina villa que i! mj) ara la Virgen de la Alinndena. Madrid, castillo famoso que alivia las faltriqueras de indianos y íinovescs, que son las gentes qu 3 pesan. Universidad de tunos, de matones academia, taller de liidalgos sin algos y fábrica de doncellas, muñidor de matrimonios y desfacedor do herencias; más milagroso que santo, más liipócrita que dueña. Que tiene en su Manzanares, por ser en todo á la inversa, u n río que nunca ríe y llora en invierno arena, y jabón en el verano, y en el otoño jalea. Madrid, que á Ak: alá de Henares disputa la preferencia, pues mejor que en aquel claustro Humanidades enseña; y merced á su justicia, que en el pesar no es de pega, tiene por calles y plazas hombres que enseñan las lenguas. Madrid, porque Dios lo quiere, es corte de los poetas: que reina el rey don Felipe y manda el duque de Lerma, y tiene al Estado en silba 1 marqués de Siete Iglesias, mientras que Fray IAÜS Aliaga compone la Morisquea. Lope y Cervantes Saavedra. El Mecenas es Frey Félix, (jue es el que paga la cena, exceso que es nn principio de eccmomia poética. Bébese allí de lo bueno de Yepes y Valdepeñas, que el tabernero es cristiano, pero cristiano sin mezcla. Bríndase por Amarilis y el Corral de la Pacbeca, porque A! arcé) n so enderece y el de Sandoval se tuerza. Apruébase en el concurso, de don Francisco á propuesta, que el espadachín Narváez no pinche en armas ni en letras; que Alarcón no es jorobado, sino e qne ve sus comedias; y que aquella comedianta de quien Quevedo hizo befa, si de nariz salió corta puede medir pie de reina. Convienen en que á Fray Tirso se pida con re erencia que en sus comedias no saque más villanas rufianescas, ni damas de cera virgen, que son vírgenes de cera; que no sean sus galanes tan descosidos de prendas, que más que hidalgos, parecen escapados de galeras; y que, pues viaja el buen Tirso sin moverse de su celda, no haga siempre sus jornadas hasta Toledo ó lUescas. Mientras cuestiones tan arduas se apuran con las botellas, una comedia de Lope con entusiasmo se estrena, y la muchedumbre alegre le aclama el inejor poeta. Brillantes son sus conceptos, sus chistes son finas perlas, galanes son sus galanes, como sus damas discretas, picarescos sus lacayos y sus villanas soberbias. Monstruo le llama Cervantes y Fénix el de Villegas. ¡Viva para honra de Espíifia el padre de imestra escena! Tristes clamores anuncian en San Sebastián la nueva; las honras on que á las muertos recibe la Madre Iglesia; más dolientes las campanas que de costumbre resilenan. Desde la calle de Francos, gentes, coches y literas, de enlutada comitiva llegan del templo á la puerta. Multitud de sacerdotes enternecidos se aprestan á llevar sobre sus hombros el féretro que se eleva de la inniensa nuK hedumbre sobre todas las cabezas. Aquella t u m b a flotante los fríos restos encierra de quien á la muerte misma tuvo en su fama suspensa: de aquél que fué Monstruo y Fénix, gloria y prez de España entera. tí! En una taberna obscura del Campillo de Manuela, juntos se ven cierta noche cinco in. aenios de la época. Don Francisco de Quevedo, Oóngora, y su consecuencia, el doctor Tú te lo pones DTncIO DE E TEVAN Pasa el fúnebre cortejo ante un convento que observa del orden de Trinitarias la sacratísima regla; y al acudir presurosas las vírgenes á la reja, una, ahogándose en su llanto, catarata de su pena, bendice al muerto y exclama: ¡Es mi padre el que se llevan! Solloza el pueblo en la calle y tras el muerto se aleja, rogando á Dios por el alma de Félix Lope de Vega. E D U A R D O DE L U S T O N O